domingo, 9 de agosto de 2015

Mujeres y Política Discriminación

Soledad JARQUIN EDGAR
“La discriminación es una práctica cotidiana que consiste en dar un trato desfavorable o de desprecio inmerecido a determinada persona o grupo, que a veces no percibimos, pero que en algún momento la hemos causado o recibido”, así define el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED) este fenómeno común y muy corriente en nuestros días, “época” en la que por cierto, dicen y pregonan, los derechos humanos se garantizan a la sociedad mexicana.
Esta misma institución señala que son distintos los grupos discriminados y en esos grupos no están exentas las mujeres. Todos los días en este país se registran actos de discriminación desde las instituciones públicas o en las instancias privadas. Ya lo hemos plateado en varias ocasiones. Las niñas, las jóvenes, las adultas y las adultas mayores tienen esa historia escrita en sus cuerpos.
Es la discriminación una forma común de violencia que se manifiesta en formas diferentes: “por motivo de distinción, exclusión o restricción de derechos”, a pesar de lo que la constitución mexicana refiera en sus primera líneas que en este país “queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas”.
El Reporte de la Discriminación en México 2012 es un documento que establece con claridad como se hace patente la distinción, exclusión y restricción de derechos en el caso de las mujeres en el trabajo (Pág. 33) donde ellas están marcadas por su edad, estado civil, el hecho de ser o no jefa del hogar, tener determinado número de hijos y escolaridad.
Es decir, las mujeres enfrentan estos obstáculos al momento de acceder a un empleo y estas razones están ligadas a la construcción social que determina que ellas pertenecen al sector de lo privado (la maternidad, el cuidado de las otras personas, la casa…) como mandatos de género, de ahí que su acceso al espacio público (donde el trabajo sí es remunerado) tenga restricciones para las mujeres y hoy nuevamente la derecha conservadora del país vuelva a culpabilizar a las mujeres como las responsables de la situación de crisis “moral” que vive el país, a raíz, sobre todo de su incorporación al mercado laboral, lo que implicó “dejar” la casa.
Basta con observar con detenimiento a nuestro alrededor para darnos cuenta y percibir ese trato diferenciado en mujeres y hombres, que se construye a partir del momento del nacimiento de una persona y que nos condiciona a actuar de una determinada manera, como fuentes de la discriminación o exclusión o, incluso, del racismo.
Son elementos ligados entonces al sexo con el que se nace. Separadas de toda actividad que represente riegos las mujeres aprendemos el miedo y este condicionamiento básico se manifestará en toda nuestra existencia si no logramos encontrar la llave para abrir otras puertas, porque ese camino nadie lo enseña, es más en nuestra formación de manera inconsciente (nuestras fuentes de “educación”) nos llevan a esquivar la libertad, aunque hay quienes la buscan desde el primer instante en que sufren alguna forma de opresión, en que entienden el daño que produce la desigualdad y a veces se encuentra la llave, pero otras no. Tener la llave es también motivo de sospecha, de exclusión.
Es decir, si nacemos en una familia tradicional y aunque te manden a la escuela y te conviertas en una buena estudiante universitaria, en el fondo papá y mamá, la escuela, los medios, las iglesias, las instituciones, etcétera, durante los primeros 20 años de vida dispararon ideas de lo que es “una mujer hecha y derecha”, es decir, que tenga hijos y se case, mejor aún si lo hace por todas las leyes.
Incluso en la literatura –novela y cuento-, las radionovelas (hoy extintas), las telenovelas (ocho a diez diarias en las dos televisoras comerciales de México), el romanticismo cinematográfico de ayer y de hoy, y todo lo que estuviera a nuestro alcance desde Shakespeare hasta Corín Tellado nos dicen, nos afirman y nos convencen que el final feliz, infaliblemente, es el momento de matrimonio: “se casaron y fueron felices”.
Sé que a estas alturas habrá quien piense que eso ya no sucede, pero tan sucede que en los diarios del país, exceptuando algunos, hay una sección histórica llamada “sociales” que cuenta día con día del acontecimiento del matrimonio civil o religioso como un hecho noticioso importante, es un gusto de la gente aparecer en ellas, es el documento que habla de un sector de la sociedad que ha cumplido.
Casadas y con hijos e hijas, muchas se incorporan al trabajo para cumplir sus expectativas, ni duda hay de eso, otras enfrentan el dilema de la crisis, se incorporan al trabajo y ahí empieza o puede empezar un calvario para ellas como resultado de la multiplicación de tareas. Del cual, hay que decir, no están exentas las primeras. No solo porque la incorporación al trabajo es desigual ya que no dejan de ejercer las tareas de la casa, casi siempre sin ayuda de sus parejas considerando que uno de cada cuatro hombres sí realizan tareas domésticas. Es decir, el tiempo de las mujeres está ocupado en el trabajo, no se piensa o casi nunca se piensa en concluir la escuela, en terminar una tesis, en hacer una maestría o un doctorado y en caso de sí hacer esa titánica labor académica tan importante, destinan mucho más tiempo a alcanzar ese objetivo, estoy hablando de años y también me refiera al común de las mujeres no a las excepciones.
Por ejemplo, una excepción a la regla es la ya casi doctora Dulce María Sauri Riancho, quien ha sido una destacada política mexicana y que ahora concluye su doctorado en Historia, loable sin duda. Pero si comparamos a la ex gobernadora de Yucatán con cualquier otra mujer mexicana promedio veremos la profundidad de las diferencias.
La generación de mujeres de entre 70, 60 y 50 años se ha enfrentado de manera cotidiana a la sutil discriminación al momento de solicitar un empleo, al momento de topar “con el techo de cristal”, que no sabemos si las maestrías o doctorados de la siguiente generación podrá romper. Son las instituciones públicas, hoy obligadas a la igualdad y las que pregonan la justicia para las mujeres las que más obstáculos construyen ante el déficit de documentos universitarios y eso es discriminación. Instituciones permeadas por los dictados que dejó el anterior régimen de derecha y que les pareció bien a los gobiernos priistas al retomar el control. Gobiernos, por cierto, hoy en manos de gente muy joven, muchos y muchas preparados en universidades privadas y extranjeras, lejos de la realidad mexicana, con mas más oportunidades que sus madres y abuelas; gente que como decimos se subió al ladrillo y se mareó. Generación de servidores públicos incapaces de entender los preceptos constitucionales y mucho menos la realidad.
Una importante cantidad de mujeres que nació hace 40 o 30 años están condicionadas hoy a cumplir con el mandato de género, pero también están puestas a seguir sus estudios, la toma de esta decisión puede o no causar extrañeza en sus familias que más que títulos universitarios esperan nietos, ellas viven lo que se llama la “presión social” sobre el mandato de la maternidad y que se expresa en un horripilante dicho mexicano que señala que al paso del tiempo las vaginas envejecen y que al no producir hijos lo que dan son tumores. Dicho que como se sabe también repite el personal médico de instituciones como el IMSS o el ISSSTE. Por tomar la decisión de vidas unas por lo primero y otras por lo segundo, al final sufren cuestionamientos y tarde o temprano la exclusión de determinados grupos sociales.  
Lo cierto es que no todas las mujeres tienen oportunidades de ir a la universidad, hay muchas otras y cada vez podrían ser más, considerando que la pobreza se incrementa y no tiende a disminuir, estas mujeres jóvenes o adultas se enfrentan a los bajos salarios, a la explotación de sus cuerpos en maquiladoras, en talleres y fábricas por salarios indignos para un país que “construye” igualdad.
Así vemos que obtener un cargo público, bueno, bien pagado, demanda cumplir con dos requisitos fundamentales, la formación académica y no tener hijos o hijas. Uno u otro. ¿No es esto un acto de discriminación? Cuando no hay formación académica y se tienen hijos la vulnerabilidad es más elocuente, es posible perder el empleo por razones de maternidad o cuidado, así como no obtener un puesto porque se tiene familia, incluso insisto en las instituciones públicas.
Eso sin contar otras constantes: “buena presentación” como fundamental para obtener un trabajo, recordemos los anuncios que hace años emitió una empresa restaurantera que, incluso, daba a conocer las medidas de cintura y estatura como requisitos; la “experiencia mínima de dos años”, para las ventas o en para la ciencia, y claro la edad: “no mayores de 30 años” ni para obtener becas o un trabajo, lo que deja fuera la experiencia, el conocimiento y todo lo que una personas haya acumulado a lo largo de su vida.
La pregunta es si la discriminación que viven las mujeres en el campo laboral es invisible o naturalizada, porque las instituciones gubernamentales, contrario a la constitución, establecen “manuales” o “requisitos” que son simplemente discriminatorios.
Condena al asesinato de periodistas
El asesinato reciente del fotoperiodista Rubén Espinoza y los feminicidios Mile Virginia Martín, Yesenia Quiroz, Nadia Vera y Olivia Alejandra Negrete, ocurridos en el Distrito Federal, son hechos condenables, de ahí que la exigencia es una: investigar los hechos sin prejuicios por parte de las autoridades.
Hoy sabemos que Oaxaca y Veracruz son las entidades de mayor riesgo para el ejercicio periodístico donde, como en el resto del país, estos crímenes normalmente terminan en el mismo estante de la impunidad, sin que nadie sea llevado a pagar por esos arteros crímenes.
@jarquinedgar



lunes, 3 de agosto de 2015

Mujeres y Política Cabos sueltos



Soledad JARQUÍN EDGAR
En el cotidiano hacer de las mujeres hay muchos cabos sueltos debido, entre otras muchas cosas,  a la desigualdad, esa condición que no se entiende porque se ha naturalizado y que causa toda clase de interpretaciones subjetivas, en específico por parte de quienes tienen la palabra y quienes toman las decisiones.
La imposición de la costumbre como regla de vida es la piedra angular de la desigualdad. Es normal para muchas personas que las mujeres sean las “responsables” de la crianza de las niñas y los niños.
Es normal que todas las mujeres aspiren a casarse y tener hijos.
Es normal que un hombre “controle” a su compañera y es normal que esa violencia escale. Es normal que los hombres sean los jefes y ellas las subordinadas.
Es normal que las mujeres se arreglen solo para parecer bonitas ante ellos.
Es normal que una mujer semidesnuda aparezca en la televisión como “gancho” publicitario para vender un coche y es normal que las mujeres sean las principales protagonistas del sufrimiento en las telenovelas…
Es normal que exista la prostitución y que esta sea ejercida por mujeres, como también es “ciertamente correcto” que sean los hombres los proxenetas.
Bueno podría llenar todo este espacio con otros muchos y diversos ejemplos que hablan de lo que es propio para las mujeres de acuerdo a la cultura, la costumbre, lo cotidiano.
Por eso resulta difícil entender, para la gran mayoría de la gente, a aquellas mujeres que deciden no tener hijos. Incluso hay expresiones horrorosas sobre esas mujeres que no voy a repetir aquí, pero que se repiten reiteradamente porque el mandato de género indica que la maternidad es un fin en la vida de las mujeres.
Pobres de aquellas mujeres que rechazan la vida en pareja o tener familia porque sus aspiraciones son profesionales. Sobre ellas existe una constante presión familiar y social, porque está visto no es lo mismo ser soltera que soltero, la valoración es diferente.
En el siglo XXI es motivo de escándalo que un grupo numeroso o pequeño de mujeres se pare en una calle para denunciar a gritos la violencia machista –que hay que recordar durante el gobierno de Gabino Cué Monteagudo, ha cobrado la vida de siete mujeres cada mes-.
Tampoco se entiende que hoy las mujeres no sólo quieran dirigir una empresa y que para ello muchas veces tengan que decidir entre su carrera y su familia. ¡Ay, de aquella que decida priorizar a su carrera profesional!
Bueno, hoy todos los días somos protagonistas del escándalo que sigue causando el asunto de la paridad. He escuchado opiniones que dicen que ahora sí con eso (de la paridad) las mujeres se volaron la barda ¡Eso sí es una exageración! ¡Un escándalo! ¡Extremistas, a dónde quieren llegar! A quién se le ocurre que pueden gobernar ¿Quién las preparó?
Desde esos comentarios que más que risa causan preocupación hasta los hechos concretos de amenazar, golpear y hasta asesinar a una mujer por pretender dirigir los destinos de un pueblo. Oaxaca tiene muchos ejemplos en ese sentido, uno reciente y notorio fue la determinación de las y los diputados de la LXII Legislatura, azuzados por la Cofradía de Mujeres Guardianas del Patriarcado que legislaron lo que ya conocemos como “paridad sin paridad”, al dejar fuera a 417 municipios donde el sistema de elección es por asambleas comunitarias. Como hemos dicho lo que hicieron las diputadas y diputados del PRI y del PAN fue negar un derecho humano a las mujeres, un acto de discriminación que podría entenderse incluso como un real prejuicio racista. Sí porque se olvidaron que al menos en 100 de esos municipios no sólo no pueden ser electas sino ni siquiera pueden votar, les está prohibido ese derecho humano.
Pero no somos los únicos, en el vecino estado de Chiapas algunas presidentas municipales electas, enfrentan el rigor del machismo. Toma de carreteras y amenazas son el pan de cada día a raíz del triunfo de mujeres en comunidades indígenas y no indígenas, en la pretensión, yo diría estúpida, de impedir que ellas ejerzan el poder. Es decir, unos cuantos, pretende por la fuerza evitar el gobierno de las mujeres y pasar por encima de la decisión democrática de un pueblo.
Porque estas personas, como la ilustre diputación LXII de Oaxaca, consideran que no es normal que las mujeres gobiernen porque la tarea de gobierno es solo un asunto de hombres.  Ustedes saben que se llama machismo. Eso explica porque en Oaxaca no ha habido nunca una gobernadora, apenas dos candidatas buscaron ese cargo en el pasado proceso electoral estatal.
Es tan normal que tampoco en México hemos tenido una presidenta. Apenas seis gobernadoras y habrá una más en los próximos meses en Sonora y en 2016 algunos estados del norte también podrían ser gobernados por mujeres, las cuales tendrán que dejar el pellejo en el camino.
Cierto que también hay quienes siguen pensando que los hombres son los únicos proveedores, pero las estadísticas nos muestran cómo han crecido los hogares jefaturados por mujeres en México.
Como también es cierto que la gente piensa –y es en serio- que los hombres tienen una líbido más fuerte que la líbido de las mujeres y que por eso ellos necesitan tener varias parejas o que nosotras. Pero la verdad es que a nosotras nos enseñaron a inhibir la sexualidad porque nuestro deber era llegar vírgenes y puras al matrimonio, en cambio ellos debían tener “experiencia sexual” y mucha, claro, para demostrar su valía como hombres y se normalizó por ello la prostitución, cuya base es la trata de mujeres y niñas, que desaparecen a lo largo y ancho del país, en un país donde todo se hace costumbre.
Hablar de sexualidad, cosa del demonio
Bueno hoy todavía hay quienes creen que a la infancia no hay que hablarle claro y bien de sexualidad, digo esto a propósito de los manotazos que la derecha prianista está dando en algunas entidades donde, como en Sinaloa, ya se aprobó la Ley de Niños, Niñas y Adolescentes, con lo que suman más de 20 entidades, cuya pretensión es que la educación sexual sea responsabilidad de padres y madres. Para lograr semejante cosa tendrán que sacar a sus hijos e hijas del mundo virtual en el que hoy vivimos, volverlos anacoretas para que no tengan contacto con el mundo real y eso quién sabe...Y todo ello sin considerar que la educación sexual adecuada, científica, inhibe la iniciación temprana de relaciones sexuales, evita por tanto embarazos adolescentes, los abortos clandestinos que ponen en riesgo la vida de las niñas y claro las enfermedades de transmisión sexual, como el VIH-SIDA, que repunta y repunta entre la población varonil de entre 15 y 19 años de edad. Digo solo por poner algunos ejemplos de todo lo que provoca la carencia de información.
Estos fundamentalismos suelen ser equivocados y es  la exigencia doblemoralista del conservadurismo mexicano, vigente como el patriarcado, y que llevan a emitir posiciones legislativas basados en la subjetividad de lo que llaman “ética moral”. Ojalá que no le haya pedido consejo a curas pederastas o que sus ideas sean producto de televisoras que promueven de manera permanente la híper sexualidad de las niñas y niños ni tampoco que hayan seguido los buenos ejemplos de algunos “muy destacados” panistas y priistas de conductas ejemplares, como muchos de los que han sido exhibidos comprando sexo o viendo pornografía.
Sin duda, son tiempos peligrosos que podrían seguir marcando retrocesos infames en los derechos de las mujeres y también de la infancia. En ambos casos consideradas unas inferiores o subordinadas y los otros vistos como incapaces de entender y comprender sobre sexualidad.
Y todo esto sigue pasando mientras más de la mitad de Oaxaca vive la telenovela, el drama de la educación, entre en viejo y el nuevo IEEPO, que como lo adelantamos, no traerá ninguna sorpresa, excepto que como ya se vio, algunos nuevos funcionarios del nuevo IEEPO mienten en su currículo, lo cual es desde ahora una metida de pata. Así que entre estos “expertos” y la junta que componen los funcionarios (que no funcionan), más lo que se sumará por la respuesta aún incierta del magisterio, lo único que nos queda claro es que no hay destino real para la educación de la infancia oaxaqueña y sigue siendo una moneda en el aire cuyo final no se sabe a ciencia cierta.
@jarquinedgar