domingo, 12 de octubre de 2014

Mujeres y Política ¿Perdimos la vergüenza?



Mujeres y Política
¿Perdimos la vergüenza?

Soledad JARQUÍN EDGAR
Lo que sucede en nuestro país desde hace algunos años debe tener un límite para la sociedad mexicana, no permitir más atropellos horrendos e indescriptibles como el ocurrido recientemente con estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapan, en el Estado de Guerrero. Que debiera ser una vergüenza para el pueblo de México.
No hay duda, casi toda la población está indignada y asombrada por esos hechos y otros que ocurren en nuestro país, violencia que ha tenido un rostro muy particular en entidades como Guerrero, Oaxaca y Chiapas gobernados, no de ahora sino de siempre, por hombres sin escrúpulos, bastante incapaces y donde reina de manera perpetua el caos y la desolación para miles de familias, específicamente, para aquellas que no tienen oportunidades  reales, sustantivas o concretas para abandonar la eterna pobreza en la que han estado sumidos por décadas.
La desaparición y masacre de 43 jóvenes de entre 16 y 20 años de edad, estudiantes que aspiraban a ser maestros, es quizá, así quisiera pensarlo, el último episodio de esta cadena de actos horrendos donde el crimen y las autoridades asociados en delincuencia organizada tienen las manos manchadas de sangre.
El origen de  nuestros males lo escuchamos desde hace mucho tiempo, está en la pobreza del pueblo y en el enriquecimiento desmedido de la clase gobernante. ¿En qué país del mundo los políticos de cúpulas, los caciques, los lidercillos y dirigentes sindicales viven como reyes? Tal vez son muchos, pero como en México, ningún otro.  El poder y la ignorancia, combinado con delincuencia una bomba de tiempo para el país.
De ahí que, esta cadena de crímenes se centre y sigua su ruta mortal hacia los más pobres, aquellos que no tienen condición para defenderse de las atrocidades, de los actos criminales. Oaxaca, Guerrero y Chiapas son ejemplos de pueblos muy castigados por esa dupla fatal que componen la ambición del poder y el dinero, “encuerados” de valores y de ética, como dice la psicoanalista Susana Chía, y claro la corrupción que genera y permite la presencia de grupos armados con nombre y apellido, cárteles del narcotráfico, delincuentes que asolan, vejan y humillan a los pueblos.
Las y los jóvenes, nuestros hijos e hijas, los hijos e hijas de los otros, el presente y el futuro del país han sido desde hace algún tiempo el blanco de estas bandas delincuenciales que componen los gobiernos y el crimen. No hay educación pública confiable para ellos y ellas; obtener un trabajo digno y bien pagado, con prestaciones sociales, resulta un sueño inalcanzable, a menos claro que pertenezcas a la clase política que gobierna México, donde los cargos públicos se reparten en automático, se tenga o no capacidad y experiencia. Bastaría con echar un vistazo a algunos gabinetes municipales y estatales.
Por otro lado, ellas, las jóvenes se han convertido en el blanco atractivo para el trabajo forzado. Las mujeres y también las niñas en la trata de personas, cuerpos-objeto que se comercian al mejor postor, la misoginia es el gran mercado de los últimos tiempos. Y ellos, los muchachos, son arrastrados para servir al narcotráfico. En ambos casos estamos frente a una masacre de sueños y de vidas.
La historia es larga. A los pueblos rurales y las étnicas las han castigado por no asumir las imposiciones y el colonialismo, por no aceptar que les arrebaten sus territorios y recursos, ahí está Chiapas, Oaxaca y Guerrero y más recientemente hay un fenómeno que se vive en silencio en algunas entidades del norte del país, donde el narcotráfico sin problema alguno arrebata ranchos y propiedades a las familias. ¿Y las autoridades?
En el sur del país, la guerra ha sido otra, hoy mezclada con la delincuencia organizada. Durante años, poblaciones de algunas entidades del sureste del país han sido perseguidas so pretexto de la presencia de grupos armados, por años y décadas se les ha castigado con severidad y las mujeres en estos territorios se han convertido en botines de guerra. ¿Ya se nos olvidaron los casos que por años se han reportado al respecto? Las tzotziles de Chiapas, las zapotecas de Loxichas, Triquis de Oaxaca y las Me´phaa en Guerrero.
Nadie, ninguna autoridad tiene respuestas ni acciones para detener la delincuencia porque están rebasados en todos los sentidos y porque muchos tienen el cuerpo completo metidos en el fango. Los delincuentes como el presidente municipal con licencia de Iguala, José Luis Abarca, a quien se señala como un probable responsable de la desaparición y masacre de los jóvenes normalistas. Se trata de un hombre con una larga cadena de asesinatos en los que algo tuvo que ver y al que entonces protege, ni duda tenemos, una larga cadena del “sistema político mexicano”.
Abarca quien llegó a gobernar Iguala a través de uno de los partidos políticos que en los años ochenta levantó la esperanza de México: el PRD, de ahí la agresión al propio Cuauhtémoc Cárdenas, el hijo de quien fundara la Normal de Ayotzinapa. Partido político que, también nos queda claro y lo hemos dicho, vive una descomposición acelerada, como resultado de la ambición por el poder. Recordemos que en Oaxaca un violador se dio por muerto para evadir a la justicia y resucitó para ser candidato en el pasado proceso electoral, me refiero a Lenin Caballero, impulsado por ese partido en la coalición que conformaron con el PAN y el PT.
Nadie se salva. El gobierno infiltrado por el narco desde hace mucho tiempo. Miguel Ángel Granados Chapa, periodista que extrañamos, mostró que el crimen de Manuel Buendía, otro gran periodista, fue el primero narcopolítica hace casi 30 años. Así lo establecieron también las investigaciones hechas por el Fiscal Especial para el caso, Miguel García Domínguez.
Delincuencia que como inundación de aguas negras fue subiendo de niveles, como resultado de la inacción del gobierno y la impunidad, y estos son los resultados: el desprecio total a la vida de las personas y más aún a la vida de los pueblos más pobres y marginados, quienes tienen en sus hijos e hijas una esperanza, la misma que le han arrebatado a 43 familias mexicanas en Guerrero, que ya tiene años de vivir esa violencia, está documentado, lo sabemos.
En eso estamos en el país, mientras en Oaxaca se desbordan los ríos de protestas contra la inacción y la perpetua omisión de los gobiernos estatal y federal. No para aplicar la ley, no para reprimir, sino para impulsar el desarrollo real y efectivo, la educación, la salud que no dé solo mejorales, y claro la seguridad pública. El recuento de lo no hecho en la entidad tiene a toda la gente en la calle, unos en el empleo terciario o otros protestando.
Pero no importa, ya Gabino Cué y medio gabinete, algunos Senadores como Benjamín Robles, olvidando todo principio laico republicano fueron a pedir un milagro, en un acto religioso convocado por la alta jerarquía católica que se convirtió en un acto de Estado. La doble moral en todo su esplendor. Gabino apuesta al olvido, cuando a nivel nacional en programa de televisión, dio cuenta de su separación conyugal con Mané Sánchez Cámara y en Juquila ofreció su reconciliación, cuando llegaron juntos y tomándose la mano.
Además, para lección del pueblo, Gabino Cué y Eviel Pérez Magaña, cumplieron con la consigna religiosa de “unirse por la civilidad y el desarrollo de Oaxaca”, mientras la capital era un caos, uno mas de los muchos provocados por el magisterio y, como siempre, no hubo quien resolviera el problema, todo estaba en manos de Dios.
Contra el margen
De una lectora, a quien le agradezco, me preguntó quién debe regular la publicidad porque ahora más que nunca o tal vez como siempre, solo que hoy hay más conciencia de las cosas, la publicidad sexista se pasea en las calles de Oaxaca. Como el espectacular que desde hace tiempo se observa en la esquina de la Calzada Héroes de Chapultepec y Joaquín Amaro: “El que no enseña no vende”, utilizando para ello a una rubia en toples. O el de una casa constructora que también muestra medio cuerpo de una mujer para llamar la atención de “los expertos”.
En estos casos, creemos, no deberían ser regulados, no. Pero el Gobierno del Estado, a través del Instituto de la Mujer Oaxaqueña o el casi nulo Instituto Municipal de las Mujeres, podrían hacer algo, para evitar la imagen de la mujer-objeto, mujer-mercancía, imágenes que subordinan y discriminan a las mujeres como es establece desde 1995 en la Plataforma de Acción de la Cuarta Conferencia de la Mujer en su Capítulo J y también en la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer, además de contravenir lo establecido en el Artículo 1 de la Constitución Mexicana que “prohíbe toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas”.
Más claro ni el agua. Es decir, sí, las instituciones del Estado Mexicano tienen obligación de detener esta forma de discriminación contra las mujeres en la publicidad. Iniciar por el espacio pequeño es una buena forma de empezar, lástima que evitar la violación a los derechos de las mujeres no sea una prioridad en la entidad y menos en el gobierno municipal que “encabeza” Javier Villacaña.


@jarquinedgar

martes, 7 de octubre de 2014

Palabra de Antígona ¡Qué responda la Secretaría de Salud¡ Cáncer de mama

Palabra de Antígona

 ¡Qué responda la Secretaría de Salud¡ Cáncer de mama

 Por Sara Lovera

Las cifras de la Secretaría de Salud son contundentes. En 2013 murieron cinco mil 600 mujeres por cáncer de mama, es decir en promedio 15 cada día.  Se trata de la primera causa de muerte en las mujeres mexicanas y significa que ocho mujeres de cada cien mil en el próximo tiempo tendrán cáncer de mama. 18 mil nuevos casos fueron detectados el año pasado. La incidencia, declararon las autoridades, va en aumento.
El 19 de octubre se ha designado como el día mundial de lucha contra este uno de los dos cánceres femeninos que se llevan a las mujeres en edades productivas. Por ello desde el 1 de octubre edificios, palacios, monumentos y sedes parlamentarias, en un acto simbólico se iluminaron con luces rosas. Eso durará todo el mes y se trata de sensibilizar sobre el problema.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que unas 400 mil mujeres mueren al año en todo el mundo por el cáncer de mama. La mayoría de las muertes ocurren en los países de ingresos bajos y medios, donde la mayoría de las mujeres se diagnostican en estadios avanzados debido a la falta de sensibilización sobre la detección precoz. Pero hay que reconocer que existen obstáculos al acceso a los servicios de salud y, en el caso de México, escasez de mastógrafos, aparatos fundamentales para el diagnóstico y el tratamiento.
¿Eso qué significa? Veamos: Las tasas de supervivencia del cáncer mamario varían mucho en todo el mundo, desde el 80 por ciento o más en América del Norte, Suecia y Japón, pasando por un 60 por ciento aproximadamente en los países de ingresos medios, hasta cifras inferiores al 40 por ciento en los países de ingresos bajos. Se le reconoce como un problema de salud pública, pero no se invierte en mastógrafos y las campañas mediáticas no tienen un reflejo directo en las mujeres.
La bajas tasas de supervivencia observadas en los países poco desarrollados, explica la OMS, se debe principalmente a la falta de programas de detección precoz, que hace que un alto porcentaje de mujeres acudan en busca de atención médica con la enfermedad ya muy avanzada, debido a la falta de servicios adecuados para el diagnóstico y tratamiento, no sobreviven.
Toda la campaña, sin embargo, está centrada en nuestros democráticos medios de comunicación, en la capacidad de las mujeres para hacerse un auto examen y acudir al médico cuando encuentran una bolita en sus senos, algún tejido acumulado, una molestia, algo. Y cuando van a sus exámenes, suponiendo que se hayan detectado alguna de estas cuestiones, las atienden tardíamente; insisto no hay suficientes mastógrafos. Y me pregunto por qué este descuido, por qué esta indiferencia, porque en octubre, el octavo mes según el calendario gregoriano y las lunas románticas, se hace tanta alharaca y no existen medios, grupos, mecanismos, acciones, para tomar cuentas a la Secretaría de Salud y a las autoridades del Instituto Mexicano del Seguro Social y qué pasa con los hospitales de los estados de la República. Las muertes son evitables, no tendría que multiplicarse esta desgracia.
De acuerdo con las declaraciones al comenzar octubre, la Secretaría de Salud dijo que en 2012 la incidencia del cáncer de mama era de 17.1 por cada 100 mil mujeres y que en 2013 aumentó al 17.5 por ciento. ¿Esto es solo responsabilidad de las mujeres? Esto es lo que realmente preocupa.
De acuerdo a un reporte del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) se subutiliza el equipo para detectar cáncer de mama (CaMa), a pesar de que este mal es la primera causa de muerte por tumores malignos en las mexicanas; en algunos casos hay mastógrafos que llevan hasta tres años sin usarse, porque están descompuestos y porque falta personal capacitado que realice las mamografías.
Encontré que en el Estado de Hidalgo, la delegación del IMSS no realizó mamografías de 2006 a 2008, debido a que el único mastógrafo con el que contaban “se encontraba descompuesto”. En esta entidad mueren 8.1 hidalguenses por cada 100 mil mujeres de 25 años y más. Ellas forman parte de las cinco mil 600 mexicanas de esa edad que murieron por esa enfermedad en 2013. Veracruz, los sabemos por los estudios, tiene el segundo como hace años, en esta grave incidencia. Si se sabe, porque no se actúa.
Se trata de un problema de salud pública, que como la mayoría de las muertes de mujeres se puede evitar si hay una detección oportuna. Informes oficiales confirman, lo acaban de hacer el 1 de octubre, el 90 por ciento de los casos se detecta en etapas tardías. Además, en promedio, las mujeres con cáncer de mama son diagnosticadas a los 58 años de edad, cuando pudieron tener los primeros síntomas a los 43, según  el Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva.
Pero hay más.  Pese al crítico panorama, el IMSS no prioriza la detección de este cáncer mediante la aplicación de mamografías. Muestra de ello es que en la delegación poniente del Estado de México, de los 10 mastógrafos con los que cuenta, cinco no funcionan porque tres de éstos están descompuestos y dos no operan por falta de personal capacitado para realizar el estudio. ¿Hoy? No sabemos. Los aparatos que funcionan en ese lugar eran operados por cuatro médicos radiólogos en 2011, quienes entre 2005 a 2010 tomaron 36 mil 362 mamografías a las mexiquenses derechohabientes.
Nada nos hace pensar que las cosas cambiaron, sobre todo si los datos de 2013 hablan de un aumento. ¿Por qué nos dejan a las mujeres la responsabilidad? Además de las luces color de rosa que hoy iluminan los edificios; la campaña de medios que insiste, reitera, manifiesta que las mujeres deben auto cuidarse, lo que  debía hacerse es  una real campaña en los hospitales, casa por casa, clínica por clínica, suficiente inversión y dinero, prioridad y no demagogia. Nos llenamos los ojos y las cabezas de promesas con el famoso, olvidado e inoperante programa del Seguro Popular, por ejemplo. Necesitamos mastógrafos en todo el país.
 De acuerdo con los estudios el cáncer de mama tiene incidencia especialmente en los estados del centro, el norte y los cercanos al Golfo de México, según el diagnóstico. Había que ir más allá que ponerse un bonito lazo rosa. Urge una cruzada de información fidedigna, ahora que estrenamos y festejamos la paridad política de 50 por ciento mujeres y 50 por ciento hombres, ahora que nos aseguran que la tercera línea estratégica del Plan Nacional de Desarrollo es generar una cultura de igualdad; ahora que las mujeres valemos tanto, según los discursos y brillantes anuncios de avance.
Cuando encontré las informaciones referidas, en fuentes serias, diversas y en testimonios, me acordé que hace unos 20 años, una red de salud en el Distrito Federal, detectó que el otro cáncer femenino, el cérvico uterino, que significa el 10 por ciento de las muertes en mujeres productivas. Entonces teníamos la convicción de que iba en aumento, descubrimos que miles y miles de pruebas clínicas, no se habían estudiado por falta de reactivos, especialmente en los estados del sur, como Oaxaca, Chiapas y Veracruz.
Evidentemente sucede que no hay voluntad política y que si las mujeres acuden al examen llamado Papanicolaou, no hay forma de diagnosticar el cáncer cérvico uterino, tampoco hay aparatos. Y cuando ya está en proceso el mal, entonces hay que tener un servicio que se llama citología de base líquida que confirma el problema, luego hay que tener una clínica de displasia donde con un colposcopio se ayuda. Cada clínica (un aparato en realidad) cuesta un millón de pesos, nada, si se compara con el significado de las mujeres que mueren por cáncer cérvico uterino. Esta una segunda preocupación.
Me temo que a pesar de las presiones de grupos de mujeres de aquella época, de los programas y los anuncios, hoy nos encontraremos con sorpresas muy desagradables, por ejemplo en el Distrito Federal y seguro en aquellas entidades donde es claro que los gobernadores desviaron los recursos para salud.
Hacer conciencia es fundamental, ponernos el lazo rosa, pero también pedir cuentas es lo importante. No puede haber un México en paz, en tanto la indiferencia nos rodea y vemos con tranquilidad tanta desgracia.
saraloveralopez@gmail.com www.almomento.mx