Mujeres y
política
Solo quiero
respuestas
A doña Arcelia Yañiz, maestra de generaciones. Decana del periodismo mexicano.
Soledad JARQUÍN EDGAR
Hay muchas preguntas en el aire, muchas que no tienen
explicación y por ende respuesta.
¿Cuál es la diferencia entre lo que observan quienes
tienen el poder, el Estado, la clase política gobernante y de los partidos
políticos, y lo que ve el pueblo? ¿En quiénes radica tanta miopía?
¿Por qué los policías de todas las corporaciones no
detienen a los delincuentes y sí emprenden actos represivos contra la gente que
exige sus derechos?
¿Por qué en las calles de las ciudades los policías
arremeten contra vendedoras ambulantes, qué peligro puede entrañar un globero,
una tortillas o tamalera?
¿O cómo nos explicamos la persecución de
contribuyentes, que ante el asedio les arrebata la tranquilidad, la salud,
además de su patrimonio pero condona casi tres mil millones de pesos a empresas como Televisa?
¿Por qué los militares fusilan a las personas o violan
a las mujeres? ¿Cuántas veces ha sucedido esto en nuestro país y solo nos enteramos
porque en Tlalaya, Estado de México, o Castaños, Coahuila, se desmoronó el
teatro?
¿Desde cuándo la pobreza o el pertenecer a un grupo
étnico es sinónimo de delincuencia como sucede en Guerrero, en Oaxaca, en
Michoacán o en Chiapas y en tantos muchos lugares de este país?
¿Por qué la gran mayoría de los diputados y diputadas
de todos los congresos del país están ausentes en las protestas del pueblo,
acaso no son representantes populares? ¿Por qué salvo declaraciones de prensa,
ningún integrante de las diputaciones ha hecho absolutamente nada para exigir
justicia por cualquier caso, ni siquiera cuando asesinan a un homologo en
Jalisco como sucedió con Gabriel Gómez Michel?
¿Qué país puede seguir caminando cómo si nada
sucediera, como si 43 vidas no importaran o será más correcto decir, como si 24
mil 500 personas desaparecidas desde 2005 hasta ahora no nos concerniera?
¿En qué país una mujer como Margarita Santizo Martínez
pide que su féretro sea llevado frente a las oficinas de la Secretaría de
Gobernación en la ciudad de México para seguir protestando, ahora sí que hasta
su muerte, porque en esa dependencia nadie le abrió la puerta cuando se acercó
a preguntar por su hijo desaparecido desde 2009?
¿Cómo se llenará el vacío que ellos, los estudiantes
de la Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa, Guerrero, han dejado en
sus familias, en la comunidad universitaria y en la sociedad que está consiente
de lo que significa este estado de cosas que arrastra a algunas entidades donde
las autoridades no solo están rebasadas por el narcotráfico sino que son parte
de la delincuencia?
¿Acaso las autoridades se preguntan cómo resuelven las
familias la ausencia de 25 mil personas que no volvieron un día cualquiera a casa
y nadie sabe dónde están?
¿Por qué en mayo pasado, no nos indignamos ni
protestamos ni tomamos las calles cuando “oficialmente” la Comisión Nacional de
Derechos Humanos nos informó de esas cifras y, lo peor, nos advirtió que en más
de 600 casos estaban involucradas autoridades del Estado Mexicano?
¿Es acaso que en mi país ya no nos conmueven las
tragedias, ni aún cuando se trata de medio centenar de niños y niñas, como “el
accidente” de la guardería ABC, en Sonora en 2009?
¿Por qué algunos alfiles de las mafias políticas y del
narcotráfico han llegado al poder?
¿Ya no nos conmueve la tragedia de las y los
migrantes?
¿Por qué el PRD permitió que estos alfiles se colaran
a sus filas y gobernaran municipios como Iguala, por ejemplo, pero que
seguramente están metidos en otros niveles de la estantería que nos gobierna?
¿Cuánto cuesta una candidatura en México, cuánto le
costó a José Luis Abarca ser candidato y luego presidente municipal? ¿Quién lo
propuso?
¿Cuántos joseluisabarca hay en los gobiernos de los
tres niveles, en las 32 entidades del país y, claro, en el Distrito Federal?
¿Qué hicimos mal las y los mexicanos que aunque
protestamos somos espectadores?
¿Por qué si alguien es sospecho de cometer un fraude
electoral no se detiene una elección, no somos capaces de cambiar el rumbo,
aunque gastamos miles de millones de pesos en transparencia?
¿Por qué un estudiante universitario, como Ricardo
Esperanza Villegas es detenido en Guanajuato por policías y al día siguiente
aparece muerto? ¿Y nadie, nadie sabe qué pasó?
¿No tiene fin el feminicidio? ¿Cuánta sangre más de
las mujeres será derramada? ¿Cuántas veces seguirán culpando a las mujeres de
ser la responsables de la violencia que sufre a lo largo de toda la vida?
¿Cuántas mujeres deben desaparecer para alimentar al
gran monstruo del machismo y la misoginia en Neza, en Oaxaca, en el Estado de
México, en Puebla, en…en…en…?
¿Seguirán las mujeres pariendo en la calle señor
Gabino Cué?
¿Qué pasa con las autoridades de Santa Lucía del
Camino, Oaxaca, donde el síndico procurador José Roberto García Martínez, golpeó a Sandra Isabel García Álvarez vecina de ese municipio conurbado a
la capital oaxaqueña y donde policías municipales que iban en la patrulla PM
2059 en lugar de detenerlo tras la agresión sin aparente motivo, lo escoltaron?
¿Qué parte hemos descuidado de nuestra historia
cotidiana?
¿Es este nuestro retroceso social más grande? ¿Es una
señal? ¿Es nuestra época del terror como sucedió en la Revolución Francesa,
pero en lugar de guillotina hay hachas y balas de altos calibres que nos llegan
vía nuestros vecinos del norte? ¿Tendremos capacidad para replantear nuevos
paradigmas sociales, políticos y económicos, unos más apegados a la vida de las
personas y del mundo en qué vivimos, y más alejados de los bolsillos de la
voracidad de quienes plantean que el planeta entero les pertenece?
Hago esas preguntas y solo quiero respuestas.
@jarquinedgar