jueves, 8 de marzo de 2012

Feminismo, un movimiento transformador

*La persistencia de un movimiento 102 años después

Bárbara GARCÍA CHÁVEZ*
El feminismo es un movimiento transformador del pensamiento, de comportamientos sociales y políticos, iniciado el siglo pasado. Ha penetrado visiblemente en diversos campos del conocimiento, en el discurso político y en las prácticas sociales. En principio, las feministas pretendieron visibilizar y sensibilizar las condiciones de injusticia, subordinación y exclusión social de las mujeres en un mundo que supuestamente reconocía la calidad humana de todos y sus derechos fundamentales. Después de 102 años esa tarea no concluye.
El feminismo es per se un movimiento revolucionario para alcanzar una condición igualitaria entre mujeres y hombres en un contexto verdaderamente democrático.
Durante el siglo pasado, formó programas académicos que de manera paralela, sistematizaron conceptos y formaron teorías, que permiten el análisis de la realidad histórica-social, que muchas feministas teóricas denominan la condición de la mujer.
La teoría y la permanente investigación académica han permitido responder a quienes desde el ámbito patriarcal de dominio, descalifican con argumentos filosóficos, doctos y políticos, denostando y hasta ridiculizando el discurso feminista.
En el siglo pasado, la constante transformación cultural, económica y socio-política que puso en jaque al mundo entero, resultado de las guerras originó la formación de organizaciones de orden social que reflejaron la inconformidad hacia los cotos de poder imperialista. Muchas mujeres se inician en el campo laboral debido a la necesidad de cubrir a los hombres que se embarcaron a la guerra o para apoyar la economía familiar de por sí afectada; siendo el principio de la emancipación formal de las mujeres.
Del sufragio a los otros derechos
En México, se conduce por las mujeres posrevolucionarias de pensamiento liberal y de formación ideológica marxista, el movimiento sufragista con tardío auge, sin embargo, se logra el reconocimiento político-legal del sufragio femenino y la ampliación de su ciudadanía a la capacidad jurídica de ser electas en cargos populares. Así, se reorganiza a mitad del siglo y nace en los setenta con inusitada fuerza el Movimiento de Liberación de la Mujer, cuyas características se enfocan en el discurso social, poniendo énfasis en el lenguaje sexista, la utilización de la imagen de la mujer como cosa-producto en los medios y la inequidad civil, jurídica y política entre los géneros, los roles predeterminados y sus significaciones en la dominación.
Este movimiento de liberación, que se vincula con las expresiones ideológicas de la izquierda, determinó la evolución del feminismo, confrontando en determinados momentos a las vertientes teóricas y a las activistas en una dura crítica a las tesis marxistas. Se argumentó entonces y ahora que la lucha de clases no determinaba sino el aspecto económico faltando considerables cuestiones que se dejaban rezagadas en el análisis integral.
Las diferentes expresiones del feminismo en México han aceptado la división cronológica que describe la periodización del movimiento en tres etapas:
1.- La organización, posicionamiento y lucha;
2.- Estancamiento y despegue, y
3.- Alianzas y conversiones.
Inmerso en los movimientos sociales y con la influencia del feminismo en Estados Unidos, el movimiento en México logra despertar en la conciencia social la desigualdad imperante, enfocando la lucha en la reivindicación de sus derechos y la autodeterminación sobre su cuerpo.
Los años setenta
En los años setenta se desarrolló en pequeños grupos en los espacios universitarios, en movimientos de protesta y generó el inicio de la visión feminista en el quehacer periodístico, lo que permitió la difusión de sus postulados.
En primera instancia se define por el ingreso masivo de las mujeres al ámbito laboral, en principio por la demanda económica resultado de crisis financieras, por los bajos salarios y la caída del poder adquisitivo; aumenta el ingreso de mujeres en los niveles de educación superior; campañas y fácil acceso a los anticonceptivos; algunos cambios en la situación jurídica de las mujeres en el ámbito civil.
La Conferencia Internacional del Año de la Mujer, promovida por la ONU y realizada en México en 1975, fortaleció e impulsó el movimiento de mujeres, despertó el interés académico y reforzó la actividad artística de contenido feminista.
Sin embargo, las cerradas estructuras políticas en nuestro país y la incipiente democratización, ocasionaron que el feminismo mexicano caminara más lento que en Norte América y Europa. Lo relativo al cuerpo de la mujer y sus problemas se consideraban de carácter personal, “asuntos de ellas”, originaron el lema “lo personal es político” que implica la demanda de la apertura de espacios y visibilidad de las mujeres.
La década de los ochenta
La década de los ochenta, en que se desarrolla la segunda etapa del movimiento feminista, se caracteriza por la inmersión de las feministas mexicanas en foros y convenciones internacionales, el consenso de acuerdos y formación de redes nacionales e internacionales, así como la participación formal de académicas investigadoras que definen los postulados que esgrimen las organizaciones no gubernamentales que aparecen como ejes del movimiento y bajo nuevos esquema de participación acceden a financiamientos internacionales con objetivos claros de popularizar la doctrina feminista, llegando a las comunidades y sectores marginados para formar cooperativas de mujeres e incidir en áreas de salud y educación.
Otras asociaciones se formaron con la pretensión de incidir en las acciones legislativas y en las políticas públicas con perspectiva de género.
Esta etapa es confusa para el feminismo mexicano, se crean infinidad de grupos con tendencias diversa, algunos sin recurrencia conceptual y las llamadas feministas históricas parecen estancadas frente a la incursión agresiva y penetrante del nuevo feminismo comunitario popular que genera un movimiento mucho más amplio y diverso, incluso con intereses y prioridades diferentes.
El feminismo se insertó en movimientos sindicales, estudiantiles, indigenistas, urbano populares, etc. El discurso feminista debió adaptarse a las nuevas situaciones y demandas.
Al verse insertado y dependiente, el feminismo pierde su capacidad de respuesta propia, deja de impugnar el patriarcado como sustento de la desigualdad y disminuye sustancialmente su conciencia crítica, conciencia de género.
En 1988 durante la reforma política, las feministas propusieron la formalización legal de la participación femenina ganando terreno en espacios de representación popular e impulsaron en la agenda política reivindicaciones de género y las garantías a sus derechos humanos.
A fines de los ochenta, las instituciones públicas reconocen la existencia de una cultura femenina y se abren espacios de discusión y debate desde las acciones de gobierno, lo que por desgracia sirvió como medio de cooptación de grupos de activistas para elaborar programas públicos hacia las mujeres argumentando el cambio social, pretendiendo legitimar su carácter patriarcal.
El final del siglo XX
El feminismo en la tercera etapa se institucionaliza, tanto en el sector público como en la academia, las mujeres de los movimientos feministas, se profesionalizan y establecen relaciones con las esferas políticas, logran escaños en el legislativo, fortalecen sus posibilidades para gobernar y se insertan en los espacios de decisión.
En las últimas décadas, los derechos de las mujeres han venido modificando los estándares de las conductas sociales, públicas y privadas, sin embargo, la desigualdad persiste, las diferencias aunque parecen acortadas están ahí, la condición de las mujeres sigue siendo vulnerada; difícilmente los tradicionales roles y los estigmas sociales permiten las mismas oportunidades. Culturalmente la subordinación es un factor fundamental de orden socio-político, económico, que guarda estigmas familiares, étnicas y religiosas, que se potencializan con la falta de educación y los retenes tradicionales de nuestra formación.
Los avances democráticos se detienen y a veces retroceden por la política conservadora de la derecha que señala los logros democráticos como perversiones, en relación a los derechos de la mujer sobre su cuerpo, las libertades sexuales y reproductivas.
Si bien es cierto que los avances son sustanciales en lo que se refiere al reconocimiento jurídico-político de relativa igualdad en términos republicanos, no cabe duda que se debe a la incidencia de las feministas, que sin cuartel desde hace 102 años, han defendido los derechos de las mujeres, desde el sufragio hasta la inclusión de leyes libertarias.
Empero, también es cierto que persiste el carácter patriarcal del Estado, que de ninguna manera estamos bien, que nos siguen discriminando, que no hay igualdad laboral, que la violencia a las mujeres por ser mujeres existe, que es un gran pendiente.
Feminista parte del Consejo Democrático