miércoles, 9 de diciembre de 2015

Aprenden mujeres a vivir con la violencia en la escuela


·       Cada segundo una mujer en México sufre algún tipo de agresión
·       46 % han sufrido violencia al menos una vez en su vida

Sophia D’VERDI
SemMéxico. D.F.- La cifra se dice fácil, 46 por ciento de las mujeres han sufrido, al menos una vez, algún hecho violento a lo largo de su vida, pero la cifra es equivalente a decir que cada cinco segundos en México una mujer sufre algún tipo de violencia.
La violencia que viven las mujeres en la edad adulta, inicia en edades tempranas, señala Nashely Ramírez, coordinadora general de Ririki Intervención Social.
La especialista en Investigación Educativa y Ejercicio de la Docencia, aseguró que las mujeres comienzan a vivir la violencia en sus casas y en las escuelas aprenden a vivir con la violencia.
“Las niñas aprenden desde el principio, en muchas ocasiones en sus casas la violencia, ellas ven la violencia ejercida hacia las madres y de las madres hacia ellas, y tienes un espacio, el de la escuela, que en lugar de contrarrestar esos mensajes los fortalece”, señala Ramírez.
De acuerdo con el Informe Nacional sobre Violencia de Género en la Educación Básica, la única investigación que ha realizado la Secretaría de Educación Pública en el 2009, la escuela es el espacio donde se aprenden y reproducen las relaciones sociales entre los géneros y la violencia de género se reproduce porque se establecen relaciones de desigualdad entre niñas y niños.
El Informe revela que las niñas son víctimas de distintos tipos de agresiones físicas: 29 por ciento de las niñas de primaria y el 22 por ciento de secundaria, refieren que les han jalado el cabello; que 4.4 por ciento de las niñas de primaria y el 3.4 por ciento de secundaria, han recibido puñetazos; el 15 por ciento de las niñas de primaria y el 9.4 por ciento de secundaria, les han dado de patadas.
A la par, cientos de videos circulan a diario por las redes sociales son testigos claros de la forma cómo se reproducen los hechos violentos y las relaciones desiguales entre el estudiantado, y agravan la violencia ejercida y vivida, señala Ramírez.
Mientras que las políticas, acciones y programas dirigidos a mejorar la convivencia escolar han demostrado ser un fracaso total.
“Son acciones que no logran disminuir la violencia en las escuelas, no solo entre las y los alumnos, sino de las personas adultas hacia las y los alumnos; y hay que señalar que en el caso de las niñas, lo que ha aumentado es la intensidad en que se extiende la violencia usando las redes sociales.
“Se tiene el acoso sicológico, afectaciones, agresiones y discriminación en el espacio escolar, y encima se hace público muy rápidamente lo que tiene un impacto mayor en las víctimas, sobre todo, en las niñas”, expresó.
Nancy M. no fue protagonista de un video, pero sí de un acoso constante no solo entre sus compañeras, sino entre sus compañeros de escuela.
Hoy estudia el cuarto semestre de sicología en la UNAM, es una activista convencida de que la educación en las escuelas debe cambiar, y cuenta a SemMéxico su historia, la cual inició en el sexto de primaria, último año que no sólo fue una pesadilla sino donde aprendió a ser víctima de la violencia.
“Todo empezó con insultos, me decían gorda, panzona, fea, sobre todo las niñas, pero luego comenzaron los niños a insultarme, y cuando pasaba por los pasillos me levantaban la falda.
“Me decía, vea sus grandes nalgas; un día incluso me detuvieron entre varios compañeros y me alzaron la falda en el salón, y las niñas solo se reían”.
Después de los insultos, comenzaron por esconderle sus cosas y los maestros no intervenían.
“Cuando mi mamá fue a reclamar, fue peor, porque recuerdo que la maestra me paró frente al salón y preguntó a todos mis compañeros, quienes eran los que me estaban molestando y les dijo que mi mamá estaba muy molesta, que a no quería oír ningún otro reclamo”, relata Nancy.
Cuenta que pasaron como dos semanas sin que nadie la molestara, pero un día en el recreo, el cual pasaba la mayor parte del tiempo sola, se le acercaron dos niñas y dos niños y le preguntaron si su mamá seguía molesta.
“Como no les contesté, pues me paralizaba el miedo, me comenzaron a dar de cachetadas, primero las niñas y luego ellos, una me jaló del cabelló y me pidió que le pidiera perdón.
“Les pedí perdón de rodillas”, relata.
Faltó mucho a la escuela, todas las semanas tenía una enfermedad o un pretexto para no ir; a veces cuenta Nancy, llegaba hasta la puerta de la escuela y no entraba, salía corriendo al parque, otras veces se quedaba con la señora de la tienda frente a la escuela ubicada en el centro de la ciudad de México.
Así sorteó Nancy la primaria; en secundaria fue mudo testigo de la realidad; difícilmente hablaba, casi no participaba en las actividades deportivas, ni de grupo, era una niña solitaria; lo mismo que en el bachillerato, donde conoció a Ramiro.
“De verdad que estaba enamorada, pues fue el único que me apoyaba, incluso me defendía de los demás, mi vida de verdad cambió, por un tiempo, porque después él comenzó con los insultos, los gritos, las bofetadas y las patadas.
“Terminé en el hospital, adolorida con dos costillas y la nariz rotas porque le reclamé que estaba coqueteando con una de mis compañeras”.
Nancy es una víctima recuperada de las garras de la violencia, como ella dice, después del hospital su mamá la llevó a un grupo de ayuda sicológico.
“Recobré mi fuerza interior, mi autoestima, aprendí a relacionarme como igual con los demás, y no desde mi condición de mujer maltratada, porque se convierte en un síndrome”, explica.
Dice que en su casa nunca vio a su madre ni a su padre golpearse o insultarse, la violencia la aprendió en la escuela.
“En la escuela aprendí y padecía a personas que agreden, que maltratan, que son violentas, que ofenden, que golpean, aprendí que era mejor quedarme callada porque nunca me salieron las fuerzas para defenderme, y cuando me enamoré me relacioné de la misma manera”, añade.
Las cifras de diversas encuestas muestran que conforme avanzan en edad el porcentaje de mujeres que experimenta agresiones físicas aumenta.
En las Encuestas Nacionales sobre Exclusión, Violencia e Intolerancia en las Escuelas de Educación Media Superior, el 27.9 por ciento de las mujeres reportan haber sufrido agresiones físicas en la escuela.
Además aumenta. En la misma Encuesta aplicada en el 2013, revela que las estudiantes de bachillerato que señalan haber sido insultadas en la escuela aumentó del 22.8 por ciento en el 2007 al 26.8 por ciento; que las mujeres jóvenes que refieren haber sido golpeadas pasó del 6.7 al 7.5 en los años de referencia.
La Encuesta más reciente, la del 2013, refiere que el 25.3 por ciento de las mujeres ha sido rechazada por sus compañeros, el 34.9 por ciento ha sido ignorada; y frente a cualquier hecho de violencia entre los estudiantes, 40.9 por ciento de las alumnas refieren que sus profesores nunca o casi nunca intervienen y el 28 por ciento ignoran cualquier hecho de violencia entre los estudiantes.
Durante el noviazgo, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Violencia en las Relaciones de Noviazgo, el 15 por ciento de las jóvenes revela que ha sido víctima de la violencia física; el 76 por ciento de la violencia sicológica y el 16.5 por ciento, vivió violencia sexual.
“En las escuelas se establecen las primeras relaciones de noviazgo y se perpetúan las dinámicas de convivencia centradas en la violencia”, dijo.
Ramírez lamentó que los datos sobre la violencia en las escuelas no estén actualizados y las encuestas que se han realizado no se vuelvan a replicar, salvo las de educación media superior, la cual dejó de hacerse en el 2013.


Estereotipos sexistas refuerzan violencia de género en la escuela



·      * Los estereotipos sexistas, homofóbicos y racistas pueden entrecruzarse en la violencia escolar

Lirians Gordillo Piña 

SemMéxico/SEMlac. La Habana, Cuba, diciembre 2015.- Detrás de la expresión “violencia escolar” se esconden diversas manifestaciones de maltrato y agresiones que se aprenden y socializan desde edades tempranas y no pocas veces cursan como naturales o propias de una etapa de la vida.
Sin embargo, las violencias múltiples que transcurren en el espacio escolar casi siempre revelan modelos, conductas y estereotipos patriarcales que pueden seguir produciendo más violencia.
La pedagoga Yohanka Rodney, de la Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona, investiga el bullying escolar y alerta que la cultura patriarcal refuerza la violencia de género entre estudiantes.
Los estereotipos sexistas, homofóbicos y racistas pueden entrecruzarse en la violencia escolar, aunque muchas veces se minimiza y se define como “un problema entre niños y niñas”. Rodney llama a romper el silencio y trabajar de manera integrada.
¿Cómo se manifiesta la violencia de género en las escuelas?
En nuestros libros de texto y en la práctica educativa existen estereotipos de género que justifican la violencia hacia las niñas, adolescentes y jóvenes.
Por ejemplo, una niña puede ser violentada por múltiples variables y estereotipos: si es gorda, negra, por tener una orientación sexual homosexual, por no ser delicada, jugar a las casitas, etc. Pero estas y otras muchas variables pueden recaer en una misma persona.
¿Imaginas cuánto sufrimiento recae sobre un niño o niña durante ocho horas? Sin contar que esta situación puede repetirse una vez, tres, muchas veces más a la semana.
Hay que saber identificar cuándo se trata de un juego de manos que terminó en pelea o cuándo estamos ante un maltrato sistemático que el niño o niña víctima no sabe cómo resolver.
Recién acabamos un pilotaje sobre 
bullying homofóbico en las escuelas, con 150 estudiantes del nivel primerio hasta el preuniversitario. Estamos analizando los resultados y hemos encontrado casos que quizá se consideren mínimos; pero si analizamos que cuatro, 10, 15 menores de un nivel de enseñanza reconocen sufrir violencia por su orientación sexual en una muestra tan pequeñita, ¿qué sucedería si ampliáramos el estudio?
Lo que estamos buscando es sensibilizar a los decisores del sistema educativo mediante estos estudios y sus resultados, para tomar medidas de cara al futuro. Yo creo que lo vamos a lograr porque existe voluntad política para prevenir la violencia en las instituciones educativas.
¿Qué recomendaciones haría?
Sabemos que nuestros libros de texto reproducen estereotipos sexistas, pero la situación económica del país impide por el momento sustituir esta base material de estudio. Debemos entonces incidir en la formación y en la sensibilización del profesorado. Necesitamos un profesorado que sea crítico y deconstruya esos estereotipos machistas. Además de que su práctica educativa no sea violenta.
Estamos hablando de incidir en la cultura escolar. Son pasos para desaprender una práctica educativa que está instaurada y que legitimó que las niñas son las que tienen que recoger el aula y hablan bajito, mientras los varones botan la basura y son los más inteligentes para Matemáticas. Por solo poner un ejemplo de estereotipos comunes.
Hay que apelar al reglamento escolar, que sanciona la violencia de palabra y física, aunque todavía no estamos complacidos, tiene que aparecer cómo vamos a trabajar con la niña o el niño que sufre maltrato y quien maltrata. Además de establecer el trabajo con la familia, con las niñas y niños que son testigos de la violencia.
¿Cómo llegamos? Con una campaña de sensibilización y con un trabajo sistemático, coherente e interdisciplinar. Porque no son solo el profesorado y el sistema educativo los que influyen en la formación de niños y niñas.