domingo, 2 de noviembre de 2014

Mujeres y Política Una calavera



Mujeres y Política
Una calavera

Soledad JARQUÍN EDGAR
México es una calavera que en estos días toma una relevancia hasta la magnificencia al honrar a la muerte. En ese sentido, ni duda cabe, la muerte tenía un lugar muy importante entre las diversas culturas mesoamericanas. Entre las muchas cosas que nos dicen es que somos despojos de esos muertos antiguos, fuimos hechos de huesos sagrados obtenidos en el inframundo, el Mictlan, que mezclados con la sangre de Quetzatcoalt, dieron origen a los seres humanos. La muerte es el principio. Esa muerte a la en estos días se honra y que sabemos en algunas de esas culturas durante meses.
Honramos a la muerte porque sus misterios nos siguen aterrando. Nadie quiere avanzar a ese otro mundo que no conocemos y del que nos han dicho tantas historias, algunas opuestas abismalmente. Por eso la vestimos en estos días recientes con flores color naranja, le cambiamos el olor con esa conjunción de aroma que emanan de los altares, nos burlamos de ella haciendo versos y nos vestimos como ella para despistarla, al menos por unos cuantos días.
Pero convivimos con la muerte, todos los días pasa, datos de INEGI, refieren que en 2012 hubo poco más de mil 600 defunciones al día en 2012.
Pero muchas de estas muertes tienen su origen en los actos violentos y una enorme cantidad de estos “hechos de sangre”, como se dice en la jerga periodística, están relacionados con las y los jóvenes y en casos concretos el repunte de la muerte violenta en el México de los últimos años, tiene una relación directa con la actividad de las personas, como las y los periodistas que se han convertido en blanco de toda clase de actos repudiables. Hay otro grupo notorio, se trata de personas públicas, funcionarios o electas por el mandato del voto y líderes sindicales o partidistas. Sin duda, todo esto es lamentable.
Todos y todas, jóvenes, periodistas y estas “figuras públicas” tienen algo en común, son observados escrupulosamente por los delincuentes y los “hechos de sangre” suelen estar colocados en el mismo sitio de siempre: la impunidad.
Sin embargo, viendo este mapa sangriento en que se ha convertido México, es lamentable cómo las muertes violentas se han reflejado de manera directa entre la población joven o en edad productiva, en sus mejores años para alcanzar sus sueños.
Nadie quiere morir de forma violenta. Hasta hace muy poco tiempo cobraba especial relevancia la muerte de jóvenes por accidentes y ya repuntaba, en el caso de los varones, la violencia originada de las demostraciones machistas, porque ellos casi “nunca le sacan”, son incapaces de dar la vuelta ante las provocaciones y ahora, ni duda hay, en algunos casos, si le sacan los matan de todos modos ante la diseminación de armas de todos los calibres en este país y por lo visto de la facilidad de adquirirlas.
Las cifras han crecido en cuanto a los ataques, hay una vuelta real. Las muertes por agresiones entre jóvenes de 15 y 29 años de edad fue en 2012, de 32.2 por ciento, casi duplica las muertes por accidentes (17.1 por ciento); en tanto que entre las jóvenes las cifras son similares, por agresiones 11.9 y 11.4 por accidentes en el año que reporta INEGI.
En la edad adulta, de 30 a 44 años, las muertes por agresiones también ocupan el más alto porcentaje entre las causas de mortalidad, 21.1 por ciento en hombres, lo que coloca a esta causa en primer lugar, el doble de las enfermedades del hígado y accidentes de transporte. En cambio en las mujeres las agresiones se ubican en la tercera causa de muerte y son la diabetes mellitus y el tumor de cáncer de mamá las dos primeras razones de fallecimientos entre mujeres en edad adulta.
En el siguiente grupo de edad, de 45 a 49 años, los homicidios o “agresiones” como le llama INEGI, prácticamente desaparecen, en el caso de los hombres es la razón de muerte número cuatro y entre las mujeres no se registra entre las primeras cinco.
Los hombres jóvenes también son más propensos a cometer suicidios, ocho de cada 10, lo peor es que estos ocurren entre los 15 y 44 años de edad. Dos características que ofrece INEGI es que la mayoría eran solteros (42 por ciento), un asunto personal, además 27.2 por ciento no tenían trabajo, un asunto social que tiene que ver con la falta de oportunidades, con la desigualdad que como la violencia se enseñorean en México.
La violencia, sin duda, está presente en la vida de los varones, más que en el caso de las mujeres. Aunque las razones de la violencia que le quita la vida a los hombres (otros son víctimas también) es la misma que le quita la vida a las mujeres: su machismo y la misoginia.
Como sea, mucho habla de este país que ha perdido la tranquilidad y cuyos habitantes vemos cada vez más lejana la paz, el hecho concreto de una tasa a nivel nacional de 22.2 homicidios por cada cien mil habitantes y su ubicación geográfica nos plantea parte del mapa de la muerte en México: Chihuahua con una altísima tasa de 77.1, seguido de Guerrero con 74.1, como los más altos. Saque usted sus conclusiones y seguramente el factor de la delincuencia organizada, el narcotráfico, estará presente, lo mismo que el fracaso del gobierno federal actual que encabeza Enrique Peña Nieto y su antecesor el panista Felipe Calderón Hinojosa. Los presidentes caguengues, así como la suma de gobernadores, presidentes municipales y corporaciones policiacas en la misma triste circunstancia.
La muerte violenta, nos dicen las cifras oficiales, tiene una incidencia de 40.2 por cada cien mil, en las mujeres es de 4.6, lo que indica que no ha variado la teoría que al respecto plantean los estudios de género.
Las cuotas de sangre tienen para este país un precio altísimo en los jóvenes, situación de la que no escapan las jóvenes, tomadas como esclavas sexuales, por esa condición de género vigente, actual, robustecida por la impunidad, por el ojo de buey, por la complicidad…
Ese es la cuota de sangre para la muerte en México, esa que no es la muerte que festejamos ahora.
Los datos de INEGI sin duda nos deberían detener en este país cuyas condiciones no son idóneas para la juventud y qué pasará con estas generaciones marcadas por la violencia, cuáles serán las consecuencias, cómo detendremos esa desigualdad social que ha provocado el sistema económico que margina hasta poner contra la pared a los que menos tienen, y a los que quieren salir adelante los manda matar o desaparecer.
Lo irremediablemente cierto es que hay muchos tipos de delincuentes en México, algunos nos roban la sonrisa y otros la tranquilidad; a las familias de los estudiantes de Ayotzinapa, como a las familias de las mujeres desaparecidas les han robado todo, eso explica la cara de Peña Nieto tras la reunión con ellos, algunos dicen que Salió apesadumbrado, otros que estaba conmovido…yo creo que mostró algo de vergüenza, pero tampoco eso alcanza en este momento.
Contra el margen
Si me preguntan ¿Qué pasa en Oaxaca? Yo les contestaría: En Oaxaca no pasa nada. No pasa nadie a ninguna parte.

@jarquinedgar

domingo, 26 de octubre de 2014

Mujeres y política Solo quiero respuestas


Mujeres y política
Solo quiero respuestas

A doña Arcelia Yañiz, maestra de generaciones. Decana del periodismo mexicano.

Soledad JARQUÍN EDGAR
Hay muchas preguntas en el aire, muchas que no tienen explicación y por ende respuesta.
¿Cuál es la diferencia entre lo que observan quienes tienen el poder, el Estado, la clase política gobernante y de los partidos políticos, y lo que ve el pueblo? ¿En quiénes radica tanta miopía?
¿Por qué los policías de todas las corporaciones no detienen a los delincuentes y sí emprenden actos represivos contra la gente que exige sus derechos?
¿Por qué en las calles de las ciudades los policías arremeten contra vendedoras ambulantes, qué peligro puede entrañar un globero, una tortillas o tamalera?
¿O cómo nos explicamos la persecución de contribuyentes, que ante el asedio les arrebata la tranquilidad, la salud, además de su patrimonio pero condona casi tres mil millones  de pesos a empresas como Televisa?
¿Por qué los militares fusilan a las personas o violan a las mujeres? ¿Cuántas veces ha sucedido esto en nuestro país y solo nos enteramos porque en Tlalaya, Estado de México, o Castaños, Coahuila, se desmoronó el teatro?
¿Desde cuándo la pobreza o el pertenecer a un grupo étnico es sinónimo de delincuencia como sucede en Guerrero, en Oaxaca, en Michoacán o en Chiapas y en tantos muchos lugares de este país?
¿Por qué la gran mayoría de los diputados y diputadas de todos los congresos del país están ausentes en las protestas del pueblo, acaso no son representantes populares? ¿Por qué salvo declaraciones de prensa, ningún integrante de las diputaciones ha hecho absolutamente nada para exigir justicia por cualquier caso, ni siquiera cuando asesinan a un homologo en Jalisco como sucedió con Gabriel Gómez Michel?
¿Qué país puede seguir caminando cómo si nada sucediera, como si 43 vidas no importaran o será más correcto decir, como si 24 mil 500 personas desaparecidas desde 2005 hasta ahora no nos concerniera?
¿En qué país una mujer como Margarita Santizo Martínez pide que su féretro sea llevado frente a las oficinas de la Secretaría de Gobernación en la ciudad de México para seguir protestando, ahora sí que hasta su muerte, porque en esa dependencia nadie le abrió la puerta cuando se acercó a preguntar por su hijo desaparecido desde 2009?
¿Cómo se llenará el vacío que ellos, los estudiantes de la Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa, Guerrero, han dejado en sus familias, en la comunidad universitaria y en la sociedad que está consiente de lo que significa este estado de cosas que arrastra a algunas entidades donde las autoridades no solo están rebasadas por el narcotráfico sino que son parte de la delincuencia?
¿Acaso las autoridades se preguntan cómo resuelven las familias la ausencia de 25 mil personas que no volvieron un día cualquiera a casa y nadie sabe dónde están?
¿Por qué en mayo pasado, no nos indignamos ni protestamos ni tomamos las calles cuando “oficialmente” la Comisión Nacional de Derechos Humanos nos informó de esas cifras y, lo peor, nos advirtió que en más de 600 casos estaban involucradas autoridades del Estado Mexicano?
¿Es acaso que en mi país ya no nos conmueven las tragedias, ni aún cuando se trata de medio centenar de niños y niñas, como “el accidente” de la guardería ABC, en Sonora en 2009?
¿Por qué algunos alfiles de las mafias políticas y del narcotráfico han llegado al poder?
¿Ya no nos conmueve la tragedia de las y los migrantes?
¿Por qué el PRD permitió que estos alfiles se colaran a sus filas y gobernaran municipios como Iguala, por ejemplo, pero que seguramente están metidos en otros niveles de la estantería que nos gobierna?
¿Cuánto cuesta una candidatura en México, cuánto le costó a José Luis Abarca ser candidato y luego presidente municipal? ¿Quién lo propuso?
¿Cuántos joseluisabarca hay en los gobiernos de los tres niveles, en las 32 entidades del país y, claro, en el Distrito Federal?
¿Qué hicimos mal las y los mexicanos que aunque protestamos somos espectadores?
¿Por qué si alguien es sospecho de cometer un fraude electoral no se detiene una elección, no somos capaces de cambiar el rumbo, aunque gastamos miles de millones de pesos en transparencia?
¿Por qué un estudiante universitario, como Ricardo Esperanza Villegas es detenido en Guanajuato por policías y al día siguiente aparece muerto? ¿Y nadie, nadie sabe qué pasó?
¿No tiene fin el feminicidio? ¿Cuánta sangre más de las mujeres será derramada? ¿Cuántas veces seguirán culpando a las mujeres de ser la responsables de la violencia que sufre a lo largo de toda la vida?
¿Cuántas mujeres deben desaparecer para alimentar al gran monstruo del machismo y la misoginia en Neza, en Oaxaca, en el Estado de México, en Puebla, en…en…en…?
¿Seguirán las mujeres pariendo en la calle señor Gabino Cué?
¿Qué pasa con las autoridades de Santa Lucía del Camino, Oaxaca, donde el síndico procurador José Roberto García Martínez,  golpeó a Sandra Isabel García  Álvarez vecina de ese municipio conurbado a la capital oaxaqueña y donde policías municipales que iban en la patrulla PM 2059 en lugar de detenerlo tras la agresión sin aparente motivo, lo escoltaron?
¿Qué parte hemos descuidado de nuestra historia cotidiana?
¿Es este nuestro retroceso social más grande? ¿Es una señal? ¿Es nuestra época del terror como sucedió en la Revolución Francesa, pero en lugar de guillotina hay hachas y balas de altos calibres que nos llegan vía nuestros vecinos del norte? ¿Tendremos capacidad para replantear nuevos paradigmas sociales, políticos y económicos, unos más apegados a la vida de las personas y del mundo en qué vivimos, y más alejados de los bolsillos de la voracidad de quienes plantean que el planeta entero les pertenece?
Hago esas preguntas y solo quiero respuestas.
@jarquinedgar