domingo, 3 de mayo de 2015

Palabra de Antígona Mayo, madres y maestras: la Ingratitud


Foto de internet


Sara Lovera
Mayo me duele. No puedo olvidarme de las movilizaciones de las madres con hijas desaparecidas, asesinadas, sin justicia; ni ocultar que están ahí  las madres de los 43 de Ayotzinapa que no se consuelan naturalmente; ni desestimar a  las que mueren antes, durante o después del parto. O esas madres que han convertido su indignación en desesperanza y coraje, como las del incendio de la guardería  ABC en Hermosillo.
A las madres que me duelen se suman las maestras, las mentoras, las sabias y las humanas que abren caminos, que además enseñan con su experiencia, las que aconsejan no más por aconsejar; a las que dan no más por dar o abren una pequeña puerta para que alguien se desarrolle o sea beneficiada. Y sólo recibe desagradecimiento y olvido.
Y si las junto: las madres y las maestras. La primeras  madres individuales, las que queremos o padecemos,  reales y simbólicas que en un proceso, no esencialista, son el ejemplo, el mástil donde apoyarse, las ancestras que, como Rosario Castellanos, que nació hace 90 años un 25 de mayo, nos dejó su Eterno Femenino y su Poesía no eres tú;  en mayo nuestras colegas, algunas ya muertas, nos dejaron el 28 para reflexionar por el día de la salud de las mujeres, un 28 de mayo para saber que la muerte materna es evitable, como es evitable el conflicto con quien da y enseña; como evitable es la ingratitud.
En mayo me duele la ingratitud entre mujeres, tanto como la muerte materna o la desaparición de una hermana. Y la ingratitud como desagradecimiento,  que Marlene Dietrich reconocía: “Más duro que los reveces de la fortuna, es la cruenta ingratitud” y Martín Lutero agregaba: ingratitud, soberbia y envidia, “cuando muerden dejan una herida profunda”, en quien los vive o siente o contra quien se ejerce. Para Kant la ingratitud es la esencia de la vileza.
Y es esa ingratitud que se vive individualmente, de abajo hacia arriba por el olvido de un favor, de una enseñanza, por el desatino a no reconocer en esa persona su amabilidad o ayuda y también la ingratitud de arriba, de las que tienen poder o conocimiento con las de abajo, como sus asesoras, ayudantes o estudiantes que sin ellas la tarea no podría hacerse. Y la ingratitud, eso que para José Ortega y Gasset es el defecto humano más grave, cuando se   expresa socialmente  es devastadora.
Solamente datos sueltos en una sociedad adoradora de la madre: todavía cerca del 30 por ciento de los partos en México no suceden en un hospital; sólo el 8.7 por ciento de las mujeres mayores de 60 años reciben una pensión; unas 700 mil mujeres exponen su vida al interrumpirse un embarazo porque esa interrupción es un delito y hay muchas de ellas enfrentando procesos judiciales.
Yo que las pienso, a las que son miles y a las concretas, me duele que no exista, como decía Rosario Castellanos, otra forma de ser humanas y libres. Mayo me recuerda que las mujeres de mi vida me dieron fuerza física y moral; confianza en el corazón y en los sentimientos; apoyo y crítica  profesional, sin las cuales no sería nada.
Lo que María-Milagros Rivera Garretas llama el orden simbólico de la madre. Como en la historia del mundo, controlada mayoritariamente por los hombres y el poder, las mujeres, dice María-Milagros, nos han dejado una genealogía fantástica: muchas mujeres a lo largo de la civilización han luchado contra las conductas impuestas, han hecho vida aparte del orden dado y nos han heredado fuerza y capacidad.
Entre ellas,  mi madre y mi abuela paterna, que además de enseñarme la vida, me enseñaron a trabajar, a pensar en distribuir, a no ser madre tradicional y confiar en la libertad y el libre albedrio;  a elegir y a tener horizonte;  tengo que agradecer infinitamente a quienes me forjaron con ética e inquietud intelectual y periodística mis maestras: Dolores Cordero, Adelina Zendejas, María Luisa la China Mendoza y  Sara Moirón. A quien refinó críticamente mi audacia, a mi maestra Teresita de Barbieri.
Las que me apoyan, creen en mí, sin sus propuestas no se es nadie. Esas son tantas y tan variadas que no puedo nombrar. Con toda humildad, sabiendo que la gratitud no es vasallaje, y que tampoco la gratitud disminuye mi capacidad e inteligencia, tengo que reconocer en el mes de mayo a mis iguales, mis amigas, de quien aprendo, en positivo y negativo, desde hace lustros, en todos los campos, especialmente el del periodismo y el feminismo. A ellas este mes las incluye por maestras, madres simbólicas, hijas indirectas o también simbólicas.
Finalmente, mayo me hace recordar mi infancia y mi disciplina. Mis libros y mis amores. Recordar la riqueza de contar con una hija de mis entrañas y tres nietas, una infinita riqueza donde la trascendencia no es que las mime 24 horas o las sostenga en su vida cotidiana, sino en esa oportunidad de establecer lazos humanos que nos conduzcan a espacios amorosos, sanos y no ingratos, porque como decía la ingratitud conspira contra la democracia, el bien vivir y el progreso de las mujeres. Así de simple.


domingo, 26 de abril de 2015

Mujeres y Política Bipolaridad conveniente





Soledad JARQUÍN EDGAR
La histórica demanda de las mujeres, en específico de las feministas, revela el profundo silencio, la apatía y la simulación con la que gobiernos de todas las tendencias ideológicas pueden actuar, al no mirar ni escuchar lo que las mujeres quieren, no porque consideren que no desean ser madres, lo cual es una opción, sino porque no hay condiciones, político, sociales, económicas, geográficas y humanas, en general, para la vida y el desarrollo de las personas, pero sobre todo, porque ser madres tendría que ser una decisión personal de las mujeres.
Sin embargo, bien lo dice la antropóloga Marta Lamas: “México ha dado pasos notables en la liberación de las leyes de aborto”, en referencia a la despenalización del aborto que la Asamblea Legislativa del Distrito Federal aprobó en abril de 2007. “Este logro es parte de un largo camino que ubica a México a la vanguardia de América Latina en el tratamiento humanitario del aborto”. (La despenalización del aborto. El Cotidiano. 2008).
El aborto han, dicho las feministas y académicas del género, no es un problema que tiene que ver con penas carcelarias, como ha sucedido en los últimos años a partir de que 18 entidades del país dieron marcha atrás como parte de las complacencias que el sistema político mexicano ha tenido con la derecha y, sobre todo, con las jerarquías eclesiásticas. No, el aborto es un problema de salud pública.
En este abril es motivo de reflexión el octavo aniversario de la despenalización del aborto en la ciudad de México cuyos resultados son afirmativos y contradicen los pronósticos catastrofistas que esgrimieron los providas, el terrorismo de la ultraderecha y otros organismos de las iglesias. También en abril, se ha puesto el foco en parte de la opinión pública en otro problema que ha crecido desmesuradamente: el embarazo adolescente y al que tendríamos que agregar el silencioso crecimiento de contagios de VIH entre la población joven.
Una fórmula simple parece estar al frente de nuestras miradas. Los 12 años de gobierno de la derecha, acompañados, por no decir de la mano, por las distintas expresiones de la izquierda mexicana, el priismo y el resto de los adendos de partidos que se multiplican, todos doblemoralistas, han ocasionado serios retrocesos para las mujeres y, en general, para la sociedad mexicana, con una afectación mortal para las y los jóvenes, pero sobre todo en ellas, lo que debería ser una vergüenza.
El hecho de que cada año, después del “avance” de la derecha, es decir, de los gobiernos del PAN, entre 430 mil y 450 mil niños y niñas nacieran de madres cuya edades fluctúan entre los 10 y los 18 años, como revela el INMUJERES, nos muestra que lo que más urge en México es construir una verdadera educación sexual y, sobre todo, se despenalice el aborto en todo el país.
¿Qué necesitamos? Hacer conciencia de la importancia que tiene en el mundo enseñar a las mujeres y a los hombres sobre un ejercicio libre, pleno y responsable de la sexualidad y no existe otro camino que la educación algo que hasta ahora se ha negado en México. Se requiere hablar en serio y bien, quitarse el escozor, la vergüenza, la pena que impide no hablar ni en las familias ni en la escuela, por supuesto nunca en las iglesias y de manera distorsionada en los medios de comunicación, que salvo contadísimas excepciones, en la programación la sexualidad es un asunto carente de verdad, lo cual resulta contrario a cualquier principio de ética.
La despenalización del aborto tendría que estar a la vuelta de la esquina, es como explica Lamas una opción humanitaria, para todas aquellas mujeres que decidan abortar no sólo para las víctimas de una violación sino para todas las mujeres que considerando su condición social o económica, etaria, familiar o profesional sean sorprendidas con un embarazo. Habrá quien tome al toro por los cuernos y actúe según su conciencia y sus creencias, pero es real no todas las mujeres habrían deseado ser madres.
El aborto es la demanda más antigua del feminismo. En México, la primera propuesta formal en ese sentido se realizó en 1931 por Ofelia Domínguez Navarro, señala Lamas. Si hacemos cuentas pasaron 76 años hasta que, finalmente, en la capital mexicana se despenalizó el aborto, pero además se brinda atención médica oportuna y gratuita. Algo que Ofelia Domínguez y sus contemporáneas no imaginaron nunca ni en sus más optimistas sueños, pero es ella una pionera histórica de una larga lucha feminista.
El problema es que sólo es una porción del territorio mexicano donde es posible realizar la interrupción legal del aborto, sin temor a ser denunciadas, detenidas y encarceladas por esa condición de ser mujeres sin derecho a decidir sobre sus cuerpos, lo que, otra vez en sus vidas, deja en una desventaja total y absoluta a las más pobres.
Mi referencia en el tema del aborto es Marta Lamas, porque ella ha puesto el dedo sobre el renglón sin desviar esa tarea a lo largo de más de 40 años, sin duda merece todo reconocimiento en ese sentido, a ella como símbolo de las otras mujeres que han sumado sus tareas dentro del feminismo para alcanzar el objetivo de despenalizar el embarazo en la doceava semana.
Esta semana en Oaxaca, como en el resto del país, hubo llamados de las mujeres para que el Estado cumpla con su obligación constitucional de legislar para convertir en realidad los compromisos asumidos por el país en materia de derechos de las mujeres, como el Consenso de Montevideo, como lo explica la Red por los Derechos Sexuales y Reproductivos (ddeser Oaxaca) y otras organizaciones que firmaron un desplegado en el que preguntan ¿Cuánto tiempo más vamos a esperar las mujeres de Oaxaca para tener acceso a estos servicios? ¿Cuándo habrá justicia social para nosotras, en materia de derechos sexuales y reproductivos?
En ese sentido, consideran que es imprescindible que el Congreso del Estado ejerza su voto laico y libre de intereses fácticos para salvar las vidas y la salud de las mujeres.
A ocho años de distancia con resultados positivos, el Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE) dio a conocer que desde mayo de 2007 a marzo de 2015 se han practicado 138 mil 792 interrupciones legales y la mayoría de quienes han sido asistidas legalmente son jóvenes de 18 a 24 años, las que procentualmente representan el 47 por ciento.
Sin  duda alguna la interrupción legal del aborto en la ciudad de México es, como se ha señalado, un avance democrático y en específico el reconocimiento de un derecho humano de las mujeres a decidir tener o no un hijo porque como explica GIRE “no desean estar embarazadas”.
Esta fecha emblemática e importante para el feminismo y para el avance real de las mujeres, me pone a pensar cómo hemos transitado en un sube y baja interminable que revela el poder de la sociedad civil, a pesar de los muchos años que tuvieron que pasar; lo que también trasluce el poder de la iglesia sobre los gobiernos federal, estatales y municipales, y el poder patriarcal en todos los niveles institucionales y de la vida cotidiana, que determinan qué, cómo, cuándo, dónde y por qué una sociedad debe ser y actuar, asumir y callar de acuerdo a lo que hombres y mujeres tienen determinado.
Por un lado, a pesar de que el gobierno federal estaba en manos de la derecha, con Felipe Calderón, mucho tuvo que ver quienes tenían el poder en la capital del país, en manos del PRD.
Y a pesar de que vemos el vaso medio lleno, con leyes y reconocimientos a los derechos humanos que ponen al país como punto de referencia, al menos en el papel, resulta inaudita la violencia contra civiles, contra organizaciones, contra periodistas, contra defensores de los recursos naturales y hasta contra defensores de derechos humanos emanados de la iglesia, como el padre Alejando Solalinde, en esa lucha emprendida a favor del libre tránsito y en contra de la violación a los derechos de la población migrante.
Resulta superior a toda imaginación, lo sucedido en Ayotzinapan hoy a siete meses de ausencia de 43 estudiantes desaparecidos, cuyas familias no ven respuestas lógicas ni creíbles en los dichos del gobierno de Enrique Peña Nieto y peor aún la investigación de la periodista Laura Castellanos con el que parece una inaudito crimen por parte de policías federales en contra de civiles en Apatzingan.
Mucho nos falta, lo principal ha sido la justicia en todos los sentidos, como a las víctimas de abortos mal practicados, debido a la negligente actitud de las instancias gubernamentales, así por un lado se castiga el hecho de interrumpir un embarazo y por el otro se asesina a los hijos e hijas de miles de miles de mujeres en este país, como los casos arriba descritos y claro la reprochable violencia feminicida y el feminicidio, todos nadando en un mar de impunidad. Una bipolaridad conveniente que no le quita el sueño al poder.
@jarquinedgar