viernes, 17 de mayo de 2013

CLADEM: Urge exigir lo que nos deben



CLADEM: Urge exigir lo que nos deben

Por Sara LOVERA
México, mayo (Especial de SEMlac).- Es evidente que a los viejos problemas sociales que afectan a las sociedades latinoamericanas se les agrega un foco de mayor desigualdad. Si bien los indicadores sociales, en estos últimos 10 años, han mejorado, no han producido los cambios necesarios en los valores, las normas y las conductas que subordinan a las mujeres y que limitan sus posibilidades de acceso igualitario.

Se ha avanzado en darle una mayor visibilidad al tema de género, se han diseñado políticas de equidad de género y hay un adelanto en materia legislativa, pero no se ha logrado que el tema de sus derechos humanos se aborde explícitamente.

En este terreno, las dificultades continúan siendo inmensas y es por eso que organizaciones y redes de mujeres feministas, académicas y de derechos humanos de África, Asia y América Latina y el Caribe participaron, del 7 al 10 de mayo, en la Ciudad de México, en un Seminario Internacional, organizado por el Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de las Mujeres (CLADEM).

La finalidad era analizar el incumplimiento de los derechos humanos de las mujeres por parte de los gobiernos de la región y exigirles que garanticen Estados democráticos y de derechos como condición necesaria para el ejercicio de estos por parte de las mujeres.

Esto se enmarcó en la campaña que busca que los Estados cumplan con las obligaciones y compromisos plasmados en los instrumentos internacionales de derechos humanos ratificados. Se llama "Ya es hora. Ya es tiempo".

CLADEM es una red feminista que trabaja para contribuir a la plena vigencia de los derechos de las mujeres en Latinoamérica y el Caribe, cuenta con estatus consultivo ante las Naciones Unidas desde 1995 y goza de reconocimiento para participar en las actividades de la OEA desde 2002.

La abogada y trabajadora social paraguaya Elba Beatriz Núñez, coordinadora regional de CLADEM, afirmó que los gobiernos no garantizan la existencia del Estado laico y llamó la atención sobre cómo la intervención de grupos fundamentalistas ha determinado que sea la región centroamericana la más castigada en violencia contra las mujeres, muertes por aborto y muerte materna.

Además, hizo un enérgico llamado a los gobiernos de la región para que dejen los discursos y cumplan sus compromisos, fundamentalmente en tres graves problemas: la impunidad frente a la violencia de género; la criminalización del aborto y la falta de garantías para las defensoras de derechos humanos.

Exigimos a los Estados, señaló Susana Chiarotti, abogada argentina e integrante del Consejo Consultivo de CLADEM, porque a partir del primer Tratado Internacional que se ratificó en 1933 para las mujeres, contamos con una base de legitimidad para reclamar. Ya no se trata de un deseo de justicia basado en algo que esta más allá de la Ley o una idea de igualdad sin base en ninguna norma. Es precisamente sobre la base de lo construido alrededor de 80 años o más que pasamos de pedir lo que deseamos a exigir lo que nos deben.

La especialista expuso que "las deudas son múltiples y abarcan desde reformas legislativas para lograr la plena igualdad formal, hasta la implementación de políticas para alcanzar la igualdad real en el acceso a recursos económicos, en el derecho a vivir una vida sin violencia, el goce de los derechos sexuales y reproductivos y educación no sexista y antidiscriminatoria, entre muchos otros, para casi 280 millones de mujeres en la región".

Dorotea Wilson, de la Red de Mujeres Afrolatinoamericanas, destacó que "la gran mayoría de los responsables de las políticas macroeconómicas permanecen ciegos al hecho de que las desigualdades son cada vez mayores en América Latina y el Caribe y que esta situación agudiza las tensiones sociales y el clima de violencia estructural en contra de las mujeres".

Las dificultades del camino

Las más de 70 mujeres de Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, El Salvador, Honduras, Guatemala, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Puerto Rico, República Dominicana y Uruguay, que participaron en el Seminario internacional "Incidencia en red: el desafío que los Estados cumplan con los derechos humanos de las mujeres", organizado por CLADEM, fueron generando, en los cuatro días de trabajo, un espacio de reflexión e intercambio de experiencias de la situación en la que se encuentran las mujeres en sus respectivos países.

El eje estratégico fue la reflexión acerca de la incidencia en la exigibilidad de los derechos humanos de las mujeres en los ámbitos nacional, regional e internacional y los contenidos que se abordaron fueron la incidencia regional para el cumplimiento de las deudas pendientes con los derechos humanos de las mujeres, así como los desafíos de las estrategias de incidencia política de la sociedad civil para la promoción y defensa de sus derechos.

Fueron días intensos, mañanas ocupadas en mesas temáticas y tardes escuchando las experiencias de cada una de ellas, para después debatir sobre el futuro en foros abiertos. Muchas intervenciones se centraron en la brecha existente entre los avances formales y los reales y coincidieron en que "existe una distancia enorme entre la igualdad formal que hemos ganado y la real".

Lidia García Díaz, de Ecuador, señaló que es importante destacar que "en Brasil, un estudio realizado en 12 ciudades mostró que 52 por ciento de las mujeres han sufrido algún tipo de acoso sexual en el trabajo; en Argentina, en febrero pasado hubo cinco asesinatos de mujeres y en Uruguay seis; en Colombia cada hora cinco mujeres son abusadas y en El Salvador, el 16 por ciento de las trabajadoras domésticas ha cambiado de trabajo debido al acoso o abuso sexual".

"Un informe de PNUD indica que en Guatemala 675 mujeres y en El Salvador 580 fueron asesinadas en 2010 por el simple hecho de ser mujer, mientras que en Honduras se cometieron 600 feminicidios en 2012, 30 por ciento más en comparación a 2011", expresó García Díaz.

Aunque hay pocos estudios sobre los costos económicos que implica la violencia de género, el Banco Mundial estableció que los costos por violencia de género en América Latina y el Caribe se sitúan entre 1,6 y el dos por ciento del PIB. Un nuevo estudio que está desarrollando ese organismo, "Nuevo siglo, viejas disparidades", señala que las mujeres ganan 17 por ciento menos que los hombres y, según la OIT y la CEPAL, el desempleo femenino en Latinoamérica es de 8,2 por ciento mientras que el masculino es de 4,4.

Otras participantes alzaron la voz en torno a la despenalización del aborto y denunciaron que sus oponentes utilizan argumentos cada vez mas sofisticados. Sin embargo, comentó María Oviedo, responsable del Programa de Formación en CLADEM, "América Latina es uno de los continentes donde hay más restricciones legales respecto al aborto. Como señala el investigador Edgar Ortiz, existen 37 abortos anuales por cada 1.000 mujeres en edad fértil, frente a los 11 abortos cada 1.000 mujeres en Europa, donde esta práctica está despenalizada en gran parte".

Patricia Olamendi Torres, abogada mexicana coordinadora del Comité de Expertas para la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer de la OEA, aseguró que "lograr el reconocimiento de que la discriminación es el motivo por el cual miles de mujeres mueren o son asesinadas día a día en nuestros países, sigue ausente en la mayoría de las legislaciones y políticas de prevención en la región. Es necesario dejar de ver la violencia como un tema judicial e insistir en que es una forma de discriminación".

La funcionaria, que participó en la mesa "Nuevos contextos y estrategias renovadas en el tema de violencia", afirmó que los feminicidios pueden y deben prevenirse y las medidas de protección no pueden seguir siendo capítulos de letra muerta en nuestras leyes, deben cumplir su función: evitar más violencia, evitar la muerte".

Otro tema pendiente para las mujeres, dijo, es el acceso a la justicia. "El Comité recomienda que se garantice, como mínimo, personal especializado para la atención de la víctima y su caso en todas las etapas procesales, espacios con privacidad tanto en comisarías, tribunales, como en servicios de salud, además de sistema de interpretación en lenguas indígenas y la confidencialidad y protección de los datos de las victimas".

La abogada brasileña Silvia Pimentel, presidenta del Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer, de la Organización de las Naciones Unidas, fue contundente al destacar que "la cultura patriarcal es parte de la formación de la mentalidad de muchos pueblos, de forma que la violencia contra las mujeres es en realidad el síntoma y no la enfermedad".

"Las mujeres sólo tendrán igualdad de acceso a la Justicia y la violencia contra ellas sólo será eliminada cuando se construya una mentalidad que las conciba como iguales y no como inferiores, pues esta es la causa estructural de la violencia contra las mujeres", sentenció.

Ambas expertas coincidieron en que los gobiernos dicen poco y mal sobre lo que sucede con la discriminación y la violencia contra las mujeres y que es imprescindible que, desde todos los ámbitos, se promueva la equidad con acciones concretas que permitan brindar un impulso a los cambios de la conciencia social, que siempre son más lentos.

Pese al panorama desalentador antes mencionado, la mirada al futuro de CLADEM continúa siendo firme y asegura que las mujeres no podemos aceptar la indiferencia del Estado. Es por eso que se lanzó la campaña "Por un Estado que cumpla con los derechos humanos de las mujeres. Ya es hora, es tiempo".

Mediante esta campaña se pedirán cuentas también acerca de la trata de mujeres, deuda ligada a los problemas de tráfico y migración que los gobiernos no han vigilado, resuelto o enfrentado, un negocio millonario en el que frecuentemente se involucran los aparatos y representantes del poder.
Antes de concluir el Seminario, las participantes, académicas, estudiantes, trabajadoras sociales y defensoras de derechos humanos redactaron un documento político que fue leído en asamblea y aprobado por todas las asistentes.

martes, 14 de mayo de 2013

¿Yo feminista? Flor Cervantes: el feminismo ya no es clandestino



¿Yo feminista?
Flor Cervantes: el feminismo ya no es clandestino
  • Las instituciones siguen respondiendo al poder patriarcal

Soledad JARQUÍN EDGAR
Clara, precisa, con la historia de los últimos casi 40 años en su memoria. Una historia que ayudó a construir y que la ha construido. Es Flor María Cervantes Rojas, economista por la Universidad Nacional Autónoma de México, la única mujer en su clase, que por ser mujer fue discriminada y mal vista por ser oaxaqueña, pero no se doblegó ante las presiones.
Creció en una familia numerosa y siempre efervescente. Apenas tenía 16 años y el movimiento estudiantil la llevó a los límites del conflicto universitario. Entendía bien la lucha, quería como los otros, una universidad democrática. A pesar de ser una adolescente tenía claro que la universidad debía ser popular y estaba del lado de  Felipe Martínez Soriano y del Grupo Netzahualcóyotl, por eso vio y vivió los lamentables sucesos de la represión por parte del ejército en las escuelas. Fue detenida y fichada, junto a ella estaba su madre Esperanza Rojas, permaneció sin comunicación alguna por dos días en el cuartel de los bomberos. Fueron las 48 horas más largas de su corta vida, hostigada por policías que le advertían que sería encarcelada para siempre o desaparecida. Salió con mucho miedo del angustiante encierro, pero pronto olvidó ese sentimiento.
Tan pronto estuvo fuera recibió la invitación del Partido Comunista Mexicano (PCM), ahí sintió el cobijo que le hizo falta durante los dos días de “encarcelamiento”. En el PCM se formó teóricamente y luego se mudó al Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), donde para su sorpresa, las mujeres reivindicaban la liberación femenina.
Fue entonces cuando Flor María Cervantes Rojas se descubrió feminista. Para 1977 formó parte de las mujeres que conformaron el grupo Pro-liberación, entre sus tareas fue lograr la publicación de un periódico (una hoja tamaño carta) que llevaba el nombre del grupo. En los dos números que se publicaron, las militantes del PRT reivindicaban el derecho al aborto libre y gratuito, el uso de anticonceptivos y la no violencia contra las mujeres. También fue parte de la conformación del Frente Nacional por la Liberación y los Derechos de las Mujeres, junto con otras oaxaqueñas, entre ellas Irma e Hilda Sheremberg (integrantes del Sindicato de  Trabajadores y Empleados de la UABJO; Patricia Jiménez, Guadalupe Hernández y otras).
Cuando habla, Flor de María Cervantes Rojas, parece tejer el hilo de la nostalgia que al final son madejas y madejas que tejieron su historia y la historia de miles de mujeres que hoy ven como “productos naturales” de su condición de mujer y gozan de muchos derechos que antes, hace apenas unas décadas, eran incluso impronunciables.
Su vida aún adolescente se convirtió en un ir y venir entre Oaxaca y la ciudad de México, preparándose, concientizándose, entendiendo la profundidad de las diferencias y las desigualdades entre las mujeres y los hombres.
El vaivén de los recuerdos la hacen sonreír, se entusiasma como si ahora mismo estuviera pasando. Se ríe, incluso, de sus actos atrevidos, como les llamaron cuando intervinieron el sindicato universitario promoviendo los derechos de las mujeres, en específico los que tenían que ver con el cuerpo y la sexualidad, dice, luego de que “las chavas de la Revuelta (periódico feminista) les dieron un taller”.
“Entonces hablar de métodos anticonceptivos, del derecho al placer, al orgasmo era hacer algo terrible, nos tacharon de locas, de putas, era un momento de reflujo dentro del movimiento universitario, tal vez no era el momento adecuado, aún así seguimos, en las reuniones era común que los hombres se salieran, pero ellas no. Les propusimos una marcha y no hubo acuerdo con el sindicato”.
En aquellos años (1977)  de manera paralela se había creado el Grupos de Estudios sobre la Mujer Rosario Castellanos, “incluso ellas nos cuestionaban y nos decían que éramos una locas, que no sabíamos lo que estábamos haciendo y que estábamos generando una revuelta terrible”.
A pesar de los pesares en Oaxaca el feminismo era casi clandestino, tanto que cuando pretendieron acercarse a las sexoservidoras salieron corriendo, “no sabíamos entonces con quién aliarnos, con quien juntarnos, creíamos que era sólo cosa de llegar y hablar de los derechos sexuales, de los derechos laborales…”
Queríamos que nos escucharan
Recuerda que a la puerta de la casa de Guadalupe Hernández  fueron a dejar a una niña que había sido secuestrada en otra entidad. El conductor de 24 horas, Jacobo Zabludovsky, le pidió que fuera a México para una entrevista esa misma noche, Guadalupe Hernández le dijo que eran un grupo y que iría sólo si iban todas. El periodista aceptó, tomaron un avión y esa misma noche aparecieron por televisión. La anécdota es que Zabludovsky quería saber qué implicación tenían en el secuestro de la niña, entonces Guadalupe Hernández le dijo “nosotras no temenos nada que ver. Pero somos un grupo de mujeres que defendemos los derechos de las mujeres…” Fue todo, en ese momento cortaron la transmisión, dice Flor María quien sostiene que no les importaba nada, lo que querían era aprovechar el espacio y que muchas personas las escucharan y las vieran, cuenta mientras su rostro muestra una emoción que la desborda.
Por supuesto, añade, hubo represalias. Guadalupe recibió amenazas telefónicas donde le decían que si no parábamos la iban a secuestrar también.
Los tiempos cambian
Por fortuna, añade la entrevistada, los tiempos cambian, se abrieron algunos espacios y se empezó a hablar de feminismo con mayor amplitud. Nosotras nos preparamos cada día más.
Sin embargo, la represión resultado del conflicto universitario, orillaron a Flor María Cervantes a irse a la capital mexicana una vez terminada la preparatoria, donde irremediablemente buscó integrarse a grupos feministas como el que habían conformado en la Escuela Nacional de Estudios Profesionales de Acatlán, también siguió en contacto con el PRT, donde conoció a muchas mujeres muy jóvenes que después se convertirían en importantes líderes como Patricia Mercado, del Grupo Autónomo de Mujeres Universitarias (GAMU); Leslie Serna, precursora del Programa de Género del Instituto Nacional de la Juventud, la desaparecida Cecilia Loría de Milenio feminista y muchas otras.
En la ENEP Acatlán fue de las formadoras del GAMU, eran apenas una veintena de mujeres que entonces promovieron desde el alumbrado en las escuelas con el fin de reducir los altos índices de violaciones contra estudiantes (se cometían hasta seis violaciones a la semana en Ciudad Universitaria) hasta mayores oportunidades para las estudiantes.
“Hacíamos encerronas los fines de semana para estudiar sobre feminismo, intercambios con otros grupos de mujeres. A veces salía como si hubiera ido a una terapia de psicoanálisis, porque el feminismo te cuestionaba, los grupos de autoconciencia fueron muy importantes, el resultado es que nos hicimos feministas de convicción”.
Los años en la capital mexicana fueron difíciles. Para estudiar Economía en la UNAM tenía que trabajar y lo hacía en la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapozalco, era delegada sindical y junto con otras mujeres se dio tiempo para crear el Foro de Mujeres Trabajadoras, las demandas eran de corte laboral y lograron que se respetara el permiso por cuidados maternos, los ascensos, la capacitación para las trabajadoras, la promoción de líderes en las delegaciones sindicales.
La voz suave de Flor Cervantes cobra autoridad mientras sigue hilvanando su formación feminista.
Fue ahí, en esos grupos donde obtuve principios feministas, conciencia social y política de la realidad, porque el feminismo es eso, te da una visión diferente, una manera de ver la vida de otra forma. Una forma de vida, donde confrontas tu vida personal con tu vida social en todos los ámbitos y nunca dejas de comprender, de estar reflexionando.
Por ejemplo, ahora estoy en el Grupo de Mujeres 8 de Marzo, colaboro con el refugio, sigo con el compromiso, se vuelve convicción, nunca te deja; en lo personal trabajo mi autonomía, me cuestionó cosas como la soledad, me doy cuenta que ahora soy una mujer fuerte, que puedo tomar decisiones…el feminismo me enseñó el camino para ser una mujer fuerte.
Decisiones de vida
Fue el feminismo, sostiene la entrevistada, la que le ayudó a definir su vida y a decidir no tener hijos. “Claro, pasé una crisis, tenía la presión de la edad, de la pareja, de la familia…pero yo quería una vida libre. Esa decisión me costó la pareja, pero cada vez me convenzo más que eso fue lo mejor que hice, porque sigo libremente, trabajo en lo que me gusta, viajo y ayudo a otras mujeres”.
El terremoto de 1985, tuvo un costo profundo en la vida de Flor María Cervantes Rojas. Amigos y gente conocida habían muerto, volvió a casa. Estaba herida también por la impunidad que seguía observando en las calles de la ciudad de México con agresiones hacia las mujeres de las cuales no estaba exenta.
En Oaxaca se incorporó al Programa de Apoyo a la Mujer Oaxaqueña, que entonces era dirigido por Beatriz Lobato; después trabajó en el Programa de Mujeres en Solidaridad y más tarde en el Programa Mujer Indígena en el Instituto Nacional Indigenista. Su mayor ilusión entonces era incluir los temas de los derechos de las mujeres, al final “no hubo ninguna posibilidad y resultó una frustración en mi vida”, dice sincera.
El gobierno, explica, veía en las mujeres su trabajo productivo. Les llevaba recursos, las organizaba y apoyaba, pero hasta ahí se quedaba todo, nadie le daba seguimiento a los programas y se convertían en un carga para ellas porque vivían preocupadas porque no sabían cómo hacer para recuperar el dinero y devolverlo al gobierno. Al final no daban resultado y el gobierno decidía desaparecer esos programas.
“En realidad esas políticas sólo buscaban ayudar a las pobrecitas mujeres, igual que ahora a través del DIF y las Cocinas Comunitarias, donde las mujeres son responsables del mantenimiento de sus familias. Lo único que les dan realmente es más trabajo y siguen reproduciendo el mismo rol, no se rompe el esquema tradicional de la función que tiene la mujer, no se da responsabilidad ni a los hombres ni al resto de la comunidad”.
Ser feminista ya no es secreto
Flor María Cervantes Rojas admite que producto de los acuerdos internacionales que México ha firmado hay políticas públicas y se creó el Instituto de la Mujer Oaxaqueña (IMO) “pero las mujeres seguimos igual”.
De nuevo una cascada de recuerdos caen sobre su memoria: lograr esos “avances” no ha sido fácil, es resultado del movimiento de mujeres, como las emblemáticas Casa de la Mujer “Rosario Castellanos” o el Grupo de Apoyo a la Educación de la Mujer  (GAEM) formado por ella misma, y otras organizaciones.
Pero recuerda ese principio no lejano, tal vez menos de cuatro décadas, quizá 20 años, en que a muchas les resultaba difícil llamarse feminista. “Ser feministas era como un secreto, hablábamos de un movimiento de mujeres,  algunas hasta lo negaban, hoy muchas se reclaman feministas aunque no lo sean, los tiempos cambian”.
Y fue precisamente ese “movimiento de mujeres” el que impulsó la creación de un instituto para la mujer oaxaqueña, se propuso en la Primera Asamblea Estatal de Mujeres, durante la campaña política en busca de la gubernatura, elecciones de las que resultó ganador José Murat.
En ese movimiento de mujeres estaban GAEM y la Casa de la Mujer, entre otras muchas organizaciones. Inició una capacitación a través de la Coordinadora Nacional de Mujeres por un Milenio Feminista y el Foro Nacional de Mujeres y Políticas de Población, se creó la Red Nacional de Promotoras y Asesoras Rurales.
Entonces se empezó a hablar de la feminización de la pobreza en Oaxaca, de la ciudadanía de las mujeres, de los mecanismos institucionales, de la participación política de las mujeres, de la violencia, de los derechos sexuales y reproductivos y empezamos a definir quién trabajaba qué para elaborar una agenda política de las mujeres (1998).
Hicimos alianzas entre mujeres, también un frente importante que ahora resulta imposible de hacer. Tomamos acuerdos comunes, propusimos además de la creación del IMO, que hubiera una Comisión de Equidad y Género en la Cámara de Diputados (la primera diputada en ese cargo fue la priista María de las Nieves García Fernández), las agencias especializadas en delitos sexuales y planteamos con claridad la cuota de género, entonces del 70-30.
Dos años después, recuerda Cervantes Rojas se creó el Movimiento Amplio de Mujeres (MAN) y nos sentamos con Murat para proponerle una terna y la negociación a la que llegamos es que en el Consejo Consultivo del IMO estarían Maru Mata, Ximena Avellaneda y otras. Finalmente el gobernador decidió que fuera Norma Reyes, hubo trabajo se creó una propuesta del programa estatal de la mujer pero este esfuerzo se diluyó muy pronto, para 2003 ya no tuvimos diálogo con el IMO, “ya no nos tomaban en cuenta”.


Un movimiento sin agallas
Flor Cervantes tiene una mirada dulce en general, se muestra tranquila, ecuánime, pero está molesta, siente “mucha impotencia”, explica porque no hay en Oaxaca un movimiento de mujeres que ayude realmente a presionar a las instancias de gobierno. Aunque reconoce que se han logrado avances en materia legislativa, en la participación política de las mujeres, en la misma creación del IMO y la Subprocuraduría para atender los delitos de género contra la mujer, “no hay un movimiento que esté vigilando y dé seguimiento a lo que hacen esas instituciones, las leyes no se aplican y las instituciones no funcionan, son una total burocracia y me parece que hace falta una conciencia de género en las mujeres que están representadas ahí”.
Por ejemplo, cita que cuando Norma Reyes fue directora del IMO se le exigió que tuviera perspectiva de género, sensibilidad para con las mujeres. Estuvimos ahí sin quitar el dedo del renglón. Ahora que hay una mujer nombrada por las “asociaciones civiles” (Anabel López) nadie sabe qué hace, cómo trabaja, cómo toma las decisiones y lo mismo pasa con la subprocuradora Ileana Hernández, que indudablemente también fue una propuesta de las organizaciones desde los tiempos de Murat.
“Deberían saber que no es voluntad política lo que hace que esto avance, sino la presión de las mujeres que han visto en su realidad o en el imaginario que es posible un mundo mejor. Por eso me siento impotente”, señala al tiempo que asegura que otro grave problema para las que están en los puestos de decisión “es que no deciden nada, todo lo tienen que consultar, quien decide está más arriba de ellas y es muchas veces el propio gobernador, es mentira que tienen libertad”.
Sin duda, plantea la economista feminista, es en el gobierno donde se puede observar con claridad “todo el poder masculino, el patriarcado y las dificultades que las mujeres tenemos para acceder a ese poder de decisiones y mientras ellas no tomen las decisiones lo que vemos es una simulación”.
Cervantes Rojas dice que se alejó del movimiento de mujeres feministas por convicción propia, “no quiero ser parte de lo que ahora sucede”, dice y explica que sigue trabajando por su cuenta, con autonomía, “donde esté seguiré defendiendo a capa y espada los derechos de las mujeres”.
El movimiento feminista en Oaxaca no se ha renovado. Las jóvenes no salen a la calle, aunque hay un increíble potencial, lo que vemos son uno que otro grupo, pero aún es reducido, dice esta mujer que a los 16 años tomó la calle para defender la universidad popular y a esa edad sufrió amenazas y encarcelamiento.
Explica que en los talleres se ha podido dar cuenta que hay un potencial impresionante, pero se necesita mucho para que esas nuevas generaciones se comprometan de verdad a luchar contra la corrupción, el machismo, el acoso, la violencia.
Los recuerdos de Flor Cervantes están hilvanados en su piel morena, en su abundante cabellera, en el tejido de su impecable huipil, en los entresijos de su memoria y la cotidianidad de su vida como feminista. Ella es la niña trasgresora de 16 años que tomó la calle para defender la universidad pública, joven sindicalista y eterna  feminista…