miércoles, 20 de octubre de 2010

Laicidad: tres sentidos

Bárbara García Chávez

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define laico como relativo a la escuela o enseñanza en que se prescinde de la instrucción religiosa, en tanto por laicismo se entiende la doctrina que defiende la independencia de las personas o de la sociedad, y particularmente al Estado de toda influencia eclesiástica o religiosa.

En la esfera política laicidad tiene al menos tres sentidos: la separación o no intervención del Estado en cuestiones religiosas; el sentido de neutralidad de las instituciones estatales, y el de libertad de conciencia independientemente del culto o credo de las personas.

Es decir, la laicidad es la separación de lo sagrado y lo profano, de tal suerte que la religión y el estado pertenecen a esferas diferentes y, por ende, separadas en su campo de acción y de injerencia, lo cual hace posible que los asuntos terrenales puedan regularse con leyes y reglas independientes de cualquier credo religioso. En tanto que los asuntos de fe sean del ámbito personal.

No obstante, en los últimos días, el Vaticano nuevamente ha intentado quebrantar este límite al manifestar que el laicismo significa hostilidad o indiferencia contra la religión. Esta declaración evidencia la intención de confundir a la sociedad en un juego de palabras que es por demás equivocado.

En primer lugar porque hostilidad significa actitud de enemistad o aversión hacia alguien y la indiferencia es un estado de ánimo en que no se siente inclinación ni preferencia por algo o alguien. De acuerdo a las anteriores precisiones podemos deducir que ambos términos son incompatibles entre sí, ya que si algo nos produce aversión es porque de alguna manera nos afecta o es contrario a lo que preferimos, mientras que cuando algo nos es indiferente es porque no genera en nosotros ningún interés.

Lo cierto es que desde hace tiempo el clero ha redoblado su interés por atacar de manera persistente todo aquello que tenga visos de fortalecer el estado laico en el mundo, porque esto debilita el poder que durante siglos han detentado y que sin lugar a dudas va más allá del ámbito espiritual.

Al parecer la élite católica ha cambiado el “dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” por el “lo que es tuyo es mío y lo que es mío es mío”, pues pretenden imponer su pensamiento no sólo en lo que corresponde a los asuntos religiosos, sino también en las leyes de orden jurídico que rigen la vida de los y las mexicanas sin importar el credo que profesan.

En el Derecho existen normas coercitivas y no coercitivas, dentro de las primeras se encuentran aquellas reguladas por el Estado cuya observancia es obligatoria para quienes integran la sociedad y su incumplimiento sancionado por del Estado.

Las segundas corresponden a las normas internas, que regulan el comportamiento ético de las y los miembros de la sociedad y que varían de acuerdo a los valores y principios de cada persona y su incumplimiento genera remordimiento, culpa o el rechazo social pero en ningún caso la intervención del Estado, es en este campo en donde la religión y su injerencia tienen cabida.

Así como el Estado no puede ni debe imponer credo alguno, sino por el contrario respetar y tutelar el derecho de cada mujer y cada hombre a profesar la creencia que mejor le parezca o a no profesar ninguna, de igual manera tiene la obligación de dotar a la población de leyes que garanticen el ejercicio pleno de sus derechos y de ir adecuando el marco legal en base a las necesidades que el crecimiento y evolución social dictan, de lo contrario las leyes se vuelven anacrónicas y obsoletas. Estas normas son de orden público y deben contenerse en principios fundados en la razón y la lógica jurídica.

En éste contexto y considerando que nuestra Carta Magna nos define como un Estado laico, principio de nuestra soberanía republicana, circunstancia que parece agredir fundamentalismos religiosos que actúan en franco retroceso y se constituyen como poder fáctico que atenta contra la lucidez democrática de cualquier Estado moderno, desde el púlpito se promueven discusiones socio éticas en torno a temas legislativos, cuestionando asuntos públicos desde las buenas conciencias, violentando la laicidad del quehacer normativo, pretendiendo trasformar esta intervención en un debate “entre poderes de Estado”, es decir, el Estado político, representado por legisladores y gobernantes, contra el estado fáctico, representado por obispos y cardenales.

Podemos estar de acuerdo o no con el matrimonio entre personas del mismo sexo, pero no podemos negar que existe un número importante de parejas que prefieren hacer vida marital homoparental, preferencia que el Estado debe no sólo respetar sino garantizar que los derechos que se derivan de éstas relaciones sean tutelados, recordemos que uno de los fines del matrimonio es el de proporcionarse ayuda mutua.

El retroceso que el derecho mexicano ha sufrido en diversas entidades del país al penalizar el aborto es un claro ejemplo de cómo la religión impone su criterio y de cómo representantes populares en los Congresos locales olvidan su misión de tutelar los derechos de quienes representan, imponiéndoles leyes basadas en preceptos religiosos y penitencias de confesionario, actuando de manera sesgada e intolerante, sobre todo en franca violación y desprecio hacia las mujeres y sus derechos.

A reserva de que el Estado asuma su papel como garante de los derechos de todas y todos sus gobernados, el clero amparado en la libertad de expresión y en el concepto manipulado de laicismo, continuará socavando el valor y la necesidad de la prevalencia de la laicidad como medio para fijar los límites entre lo profano y lo sagrado, colocando en grave riesgo la vida democrática de los pueblos, poniendo en jaque la juricidad de las leyes, la certeza de su aplicación en el ejercicio público del gobierno frente a quienes gobierna.

martes, 19 de octubre de 2010

Sara Brena Torres

Soledad JARQUÍN EDGAR

Este domingo 17 de octubre, las mexicanas conmemoramos el 57 aniversario desde que se aprobó la reforma al artículo 34 de la Carta Magna promulgada por Adolfo Ruiz Cortines, reconociendo la ciudadanía de las mujeres y con ello el derecho al sufragio federal.El recuento no ha sido del todo positivo, las estadísticas no mienten; pero no voy a hablar de eso, así que aprovechando el aniversario 57 de la reforma a la Constitución mexicana recordaré a la primera concejala del Cabildo de Oaxaca de Juárez: Sara Artemisa Brena Torres, quien asumió ese cargo el 1 de enero de 1950, cuando todavía las mexicanas no podían elegir a los gobernantes estatales, federales de los poderes Ejecutivo y Legislativo.
Esto fue posible gracias a una reforma legislativa del 8 de noviembre de 1948 cuando la XL Legislatura local modificó el Artículo 98 de la Constitución Política estatal, concediendo la participación de las mujeres en las Elecciones de Concejales de los Ayuntamientos en igualdad de condición que los varones por decreto número 82.
Así por primera vez en la historia de la ciudad de Oaxaca, en el proceso electoral del domingo 7 diciembre de 1950, apareció el nombre de Sara Brena Torres como integrante de la planilla del Partido Revolucionario Institucional y fue electa como la primera regidora que tendría el Cabildo de Oaxaca de Juárez para el periodo 1951-1952.
Sara Brena Torres –nació un 20 de octubre de 1913- fue la tercera hija de María de los Ángeles Torres y de Enrique Brena, una familia acomodada procedente de Ejutla de Crespo. Sus dos hermanos mayores fueron Mario y Rodolfo, el segundo llegaría a ser gobernador de Oaxaca en 1962, 12 años después de que Sarita había sido regidora. El resto de la familia estaba compuesta por Margarita, Enrique, María de Lourdes, Julio, Alfredo y Alicia.
Cuando Sarita tenía tres años, su padre había emprendido la defensa de Oaxaca contra los Carrancistas en 1916 para detener el avance de la División Veintiuno, dirigiendo a uno de los grupos de los Cuerudos. Enrique Brena fue diputado de la XXII Legislatura local (1913-1915) y aspiró a ser gobernador de Oaxaca, lo que no consiguió debido a que estalló la rebelión Vigilista. Su abuelo paterno, Pascual Brena había sido jefe político del Distrito de Ejutla. Le apodaban el “manco” Brena luego de que perdiera un brazo cuando junto con Porfirio Díaz combatió a los franceses en1866.
Sin duda, en la casa de la familia Brena las conversaciones giraban en torno a los acontecimientos políticos de la época, primero a través de quienes visitaban a su padre y después por las actividades que como estudiantes realizaban sus hermanos mayores, quienes eran aficionados a la oratoria y aspiraban a formar un partido político estudiantil. Sara fue testiga de aquellas conversaciones, un privilegio si consideramos que entonces las mujeres no opinaban sobre el tema, ella sí.
A Sara Brena Torres se le recuerda todavía como una mujer bella, afable y muy querida entre la población, no sólo de Oaxaca de Juárez sino en otras localidades de la entidad, los registros bibliográficos hablan sobre su participación en los concursos estudiantiles que entonces se realizaban, así como en aquel malogrado certamen de belleza que se organizó para conmemorar el IV Centenario de la elevación al rango de ciudad de la capital oaxaqueña. Actividades que en 1932 buscaban levantar el ánimo de la gente por aquel terrible terremoto de 1931 y que terminó con la renuncia de las dos finalistas Consuelo Ruiz y Sara Brena, luego de que el ferrocarrilero Luis Escárraga perdió la vida abatido a tiros por un partidario de una de las candidatas; así que la Señorita Oaxaca, quien presidió las fiestas del IV Centenario fue Margarita Santaella.
Señalo aquí que otro de los motivos para celebrar aquellas fiestas fue el descubrimiento de las Joyas de la Tumba Siete de Monte Albán, el 9 de enero de 1932 por Alfonso Caso y su equipo de colaboradores y colaboradoras, entre ellas María Lombardo.
No sé si fue su belleza siempre reconocida o la muerte prematura de Sara Brena, ocurrida un 13 de octubre de 1956, cuando tenía apenas 43 años de edad, lo que llevó a muchas y muchos a olvidar que fue ella la primera mujer regidora de Oaxaca de Juárez, un camino que 57 años después resulta inequitativo para las mujeres, aún no hay paridad en este sentido y ninguna mujer ha sido electa presidenta municipal en la capital del Estado.

Este camino de invisibilización que se ha hecho de Sara Brena empezó, habría que decirlo, cuando los medios impresos, los únicos que había entonces, ignoraron la noticia de que por primera vez una mujer sería regidora, las actas de cabildo dan cuenta sin embargo de aquel acontecimiento:
A las 11:05 de la mañana del lunes primero de enero de 1951 inició la sesión de Cabildo. El todavía presidente Dr. Manuel Robles Gris dio la aprobación para iniciar el acto al que asistieron: el gobernador Manuel Mayoral Heredia, los representantes de la Legislatura local, el H. Tribunal Superior de Justicia del Estado, la Comandancia de la XXVIII Zona Militar y otros invitados.
Entre los concejales electos figuraba el doctor Lorenzo Mayoral Lemus, quien por escrutinio secreto obtuvo la mayoría absoluta de votos para el cargo de presidente municipal constitucional, además, Juan Ortiz Sumano y Pedro Martínez Villanueva fueron designados síndicos primero y segundo, respectivamente. Luego se procedió a la numeración de concejales; Sara Brena Torres fue designada como concejal número uno; dos, Antonio García Flores; tres, Manuel Robles Gris; cuatro, Jorge Pérez Guerrero; cinco, Alfonso Jarquín Pérez; seis, Cirino Alonso; siete, José Guadalupe Luna; ocho, Andrés López Ruiz.
De este acontecimiento da cuenta “Provincia”, Diario de Oaxaca, del 2 de enero de 1951, en el centro de la primera plana del periódico se lee: “Es electo presidente municipal de la Ciudad el Dr. Lorenzo Mayoral Lemus”, en la página dos donde sigue la nota periodística se menciona que también se realizó la enumeración de concejales entrantes “los números siguientes: Uno, señorita Sara Brena Torres”.
En entrevista, Alicia Brena, hermana de Sarita, me contaba que efectivamente fue un hecho sobresaliente el que su hermana Sara fuera designada como regidora convirtiéndose “en la primera mujer en ocupar un cargo de esa naturaleza, porque entonces las mujeres no figuraban para nada”, aunque considera que los elementos
fundamentales fueron sin duda alguna su carisma y personalidad, aunado a provenir de una familia conocida, “porque entonces en Oaxaca todos nos conocíamos, era una ciudad muy chica”.
En la segunda sesión de Cabildo del 2 de enero de 1951, fueron designadas las comisiones. Sara Brena Torres se hace cargo de la regiduría de Educación, Beneficencia y Publicidad. De acuerdo a lo que se puede leer en las actas de cabildo, Sara Brena tuvo una asistencia irregular a las sesiones, esto debido a que padecía de nacimiento de una afección cardiaca que la llevó a retirarse en diversas ocasiones de su tarea como regidora.
Aunque fueron pocas sus intervenciones, algunas de ellas tuvieron especial relevancia, como sucedió el viernes 7 de marzo de 1952 cuando llevó a la sesión de Cabildo el caso de “abuso” cometido contra un grupo de presas por parte del Alcaide de las Cárceles Púbicas, David Reyes Domínguez y pide su consignación.
Como responsable de Beneficencia, Brena mostró su permanente preocupación por las condiciones de las personas que se encontraban en el Asilo Municipal y propuso en más de una ocasión la compra de ropa y mejoras en la alimentación. También fue solidaria con las y los empleados municipales, como sucedió en la sesión de Cabildo del martes 16 de diciembre de 1952, cuando cedió los cinco días de aguinaldo que les correspondían a las y los empleados de mayor antigüedad, acción que no secunda ninguno de los regidores.
Tres días más tarde, en sesión de Cabildo se discutió de nueva cuenta qué cantidad se daría como aguinaldo al personal del Ayuntamiento, la propuesta de Sara Brena fue aceptada y finalmente se pagaron 10 días de sueldo como aguinaldo.
El gobierno municipal concluyó su gestión el jueves primero de enero de 1953 cuando fue electo un nuevo gobierno municipal, esta vez encabezado por Rogelio R. Santaella como presidente municipal, por segunda ocasión una mujer fue designada como regidora, la profesora Teresa Luna Vargas a quien se le asignó la comisión especial de Educación y Beneficencia.
Sara fue entonces la primera mujer regidora en el gobierno municipal de Oaxaca y pudo haber sido la primera diputada federal por el estado, si su madre María de los Ángeles Torres Barriga hubiera aceptado la propuesta del entonces gobernador Manuel Cabrera Carrasquedo, quien solicitó permiso para que su hija fuera diputada federal, así se estilaba entonces. Se trataba del primer proceso electoral en el que las mujeres podían participar luego de haber conseguido el sufragio universal, según decreto publicado en el Diario Oficial el 17 de octubre de 1953, que por primera vez llevaba a las urnas y a ser electas más allá del ámbito municipal a las mujeres en 1954.
Sara Artemisa Brena Torres murió en la ciudad de México tras someterse a una operación del corazón. El periódico El Imparcial, fundado el 26 de noviembre de 1951, dio cuenta de sus exequias durante los días 14 y 16 de octubre, que se convirtieron en multitudinarios actos que encabezaba la familia Brena Torres y el entonces gobernador el General de Brigada José Pacheco Iturribarría.
Desde que Sara Brena fue regidora han pasado 22 trienios, sólo otras 64 mujeres han sido regidoras en la capital mexicana y repito ninguna mujer ha sido electa para ocupar la primera concejalía. Para alcanzar la equidad falta mucho todavía.

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