domingo, 19 de febrero de 2012

A RESERVA

Solecismo presidencial: Más becarios y menos sicarios

Bárbara GARCÍA CHÁVEZ
Organismos multilaterales como el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo, de los que países como México refieren una relación económica de suma importancia, sugieren que los recursos del Estado deben ser aplicados prioritariamente en acciones dirigidas a los grupos más pobres.
Bajo esta lógica surgen pro¬gramas como Oportunidades, como política de desarrollo social, sin embargo, el programa se ha establecido como una relación asistencial entre el gobierno y los grupos beneficiarios generando formas de relación paternalistas, entrañan gratitud y exponen a las poblaciones beneficiarias a prácticas clientelares, pero de ninguna manera promueve la construcción de verdadera ciudadanía.
A través del programa Oportunidades, el gobierno federal en concordancia el estatal y el municipal, han utilizado la estructura oficial para la focalización geopolítica del sector social más empobrecido, con mayores rezagos en servicios públicos, salud y educación, y fundamentalmente imposibilitados de alcanzar su propio sostenimiento alimentario.
Es decir, se ubica y se etiqueta la pobreza en México, se publicita y se mantiene, e incluso, tiende a acrecentarse el número de pobres, lo que permite a los estados y municipios hacerse de mayores recursos para efectos “sociales” que permitan a sus gobernantes promoverse y hasta legitimarse; por supuesto también sirven dichos recursos para efectos electorales, argumentando en el dis¬curso político la defensa de la democracia y la justicia social.
El Programa de Desarrollo Humano Oportunidades fue uno de los programas bandera del gobierno de Vicente Fox y desde entonces ha sido la bandera de los gobiernos federales panistas del combate a la pobreza extrema; bienvenido por los gobiernos del interior, incluso, de otros partidos que critican y descalifican la política económica y social de la derecha, pero cómodamente aprovechan las grandes cantidades de dinero que este programa abona sin mucha fiscalización y que sin duda les permite un gasto considerable que los posiciona políticamente.
Por desgracia Oportunidades sitúa a los más pobres como sujetos depositarios de la caridad pública y no como sujetos de derecho, ciudadanas y ciudadanos con derechos que debe garantizar el Estado.
El programa Oportunidades focaliza identifica, obsequia despensas, dinero, material de construcción, becas, consulta médica a cambio del forzoso adoctrinamiento sui generis, que promueve y difunde la permanencia identitaria del pobre y adiestra al agradecimiento de la ayuda; no informa de los derechos de manera efectiva y determina per se la necesidad y la marginación como premisa ineludible para seguir siendo sujetos de caridad.
El asunto es que lo recibido no es percibido como un derecho, sino como una ayuda; por lo tanto se desdibuja el ejercicio ciudadano y se establecen relaciones de dependencia y agradecimiento.
Se anula la capacidad de auto organización y tiende a romper los lazos sociales al generar competencia en las comunidades por los recursos.
Al ser focalizados y etiquetados los sectores más pobres exigen que la gente exhiba determinados aspectos de su identidad para acceder a la asis¬tencia, agudizan la discriminación social en la comunidad, en la escuela y en los gremios productivos, sin que exista posibilidad real de modificar su estatus social-económico.
Lo único que salva a la población pobre es demostrar que son pobres, estigmas y estereotipos que se utilizan como “requisitos para ser beneficiarios de la ayuda de Oportunidades.
Dentro del Programa de Oportunidades las becas juegan un papel importante, que se fortaleció y amplió a lo que se denomina Programa Nacional de Becas para Educación Superior (PRONABES), su objetivo es brindar apoyos económicos a estudiantes de escasos recursos para que tengan mayores oportunidades de acceso y permanencia en la Educación Superior Pública, así como para la terminación oportuna de sus estudios. Estas becas tan cacareadas consisten en entregar al estudiantado la inaudita cantidad de 700 a mil pesos mensuales; un promedio de 30 pesos diarios.
En reciente discurso de Felipe Calderón insolentemente y de forma airada y petulante dijo: “mas becarios y menos sicarios”. Claro, aludiendo al reclutamiento de jóvenes que por obvias razones, por lo menos para Calderón, ha venido en aumento.
La falta de oportunidades, el ineficiente ejercicio público del gobierno en materia económica, la falta de políticas de fomento al empleo, acceso y permanencia en los niveles medios y superior de educación, y la propia guerra que de pronto parece engrandecer las posibilidades del crimen organizado frente a la desesperanza que vislumbra la pobreza extrema, la emigración, la economía informal y la ausencia de seguridad social.
En este infortunado discurso, Calderón dejó implícito que los posibles sicarios son necesariamente los pobres, los que son sujetos del programa Oportunidades, aquellas personas que provienen de familias inscritas, que son asistidas y con antigüedad en los registros de Oportunidades y que llegaron a terminar la secundaria y no hubo más apoyos y siguen tan pobres como siempre.
Qué ironía, el programa estrella de combate a la pobreza ha generado según el propio presidente de México sujetos reclutables por la delincuencia.
Qué fracaso de política social (asistencial), estigmas y estereotipos que sugieren en el fondo un terrible desprecio de quien dirige los destinos del pueblo mexicano, a jóvenes sin futuro cierto. Pero está correspondido si esos jóvenes están mas cerca de la delincuencia que de los centros de estudio, seguramente también estarán resentidos con quien los gobierna y, por desgracia, su desesperanza mantiene una enorme brecha en nuestra sociedad.
En Oaxaca, el gobernador Gabino Cué sigue la inercia del PRONABES, con algarabía y publicidad excesiva compromete 17 mil becas para jóvenes estudiantes de nivel superior de 42 instituciones públicas del Estado. En ese momento no aclaró que las instituciones educativas tendrían que hacer el trámite respectivo, lo que no han hecho y por lo tanto la histórica promesa en muchísimos casos se quedó en promesa.
Ahora, al término del segundo mandato presidencial del Partido Acción Nacional, el estudiantado es visto o como potenciales electores o como posibles sicarios. Es miopía política o reconocimiento tácito del fracaso rotundo de la política social que augura desventuras.
En otro tema…
La más reciente vicisitud en la vapuleada Oaxaca, es el caso controvertido de la obra vial en Cinco Señores, en la capital de Oaxaca; no es novedad la inconformidad de algunos grupos sociales con buenas intenciones y otros con no tan buenas, como sucede en nuestro estado, las manifestaciones son consideradas por el gobierno cuando intervienen actores de trayectoria internacional y reconocida trascendencia mediática.
Lo destacable, que tampoco nuevo, es la intervención cínica y oportunista de sujetos insertados en el gobierno democrático, desde las instancias mas sensibles de este mediático gobierno, las responsables de prensa y comunicación.
Nada menos que desde la Secretaría de Administración, la directora de comunicación social, Alma Bernal, pupila bien colmilluda de uno de los que tienen ficha roja en la INTREPOL, compinche de Ruiz Ortiz, tal vez por aburrimiento o por necesidad o por pura perversa diversión, anda de visita por las SINFRAS ofreciendo sus buenos oficios al ingenuo funcionario constructor para poner orden en los medios calentando las manos de algunos periodistas, que según ella desactivarán la publicidad que cuestiona la obra.
Por supuesto la “comunicadora” Bernal pide un dineral y se asegura de obtenerlo mostrando sus credenciales de “experta mediadora”. ¿Qué tal?