lunes, 6 de febrero de 2012

A Reserva

Estado laico y mea culpa

Bárbara GARCÍA CHÁVEZ
El término laico se define como aquello que no tiene órdenes de tendencia religiosa especifica. Por consiguiente, el adjetivo laico se refiere a aquello que es independiente de determinar la política pública fuera de la confesionalidad.
La confesionalidad, a su vez, implica un Estado que de cuentas de su actuación frente a los principios y mandatos religiosos.
Es común referir el Estado laico frente al poder clerical católico, en relación al clero que desde el oscurantismo medieval utilizaba a sus canónigos para imponer a la organización social como al Estado, sus creencias y doctrinas a través de las normas morales dictadas por la autoridad religiosa.
La secularización es un proceso social, por el que los diferentes ámbitos y roles históricos en la vida humana dejan de estar determinados por lo religioso. Las creencias religiosas dejan de ser fundamentales en los procesos de la sociedad. El oscurantismo fanático se va transformando en la razón y el conocimiento.
El laicismo es una corriente ideología o movimiento político que defiende y promueve la organización social, independientemente de las órdenes religiosas; el laicismo afirma que el orden social debe depender de la libertad de conciencia y no de la imposición de valores o normas morales que estén vinculadas a una religión o fundamentos filosóficos.
Se ha argumentado que el laicismo es igual al anticlericalismo, por lo que habría que definir lo que es el clericalismo y anticlericalismo, conceptos relacionados con la historia del catolicismo; el clericalismo refiere una casta de clérigos que utilizan su autoridad religiosa como herramienta de presión espiritual para someter a los gobiernos a su voluntad, es decir, la imposición religiosa interviniendo en la vida pública.
Como consecuencia la corriente anticlerical por definición pretende desactivar la influencia e intromisión de lo clerical en los procesos públicos y leyes del estado.
Como se puede desprender de la conceptualización, la laicidad como proceso publico que define al Estado laico, no se suscribe exclusivamente al aspecto clerical; es mucho más amplio, implica desprenderse de cualquier influencia que pretenda dominar confesionalmente la actuación pública del Estado secular, sean expresiones religiosa o fundamentos filosófico preeminentes.
Como preámbulo, habrá que señalar que la única religión hasta ahora, que está contenida en preceptos desde el poder de un estado constituido es la católica, apostólica y romana; el Estado Vaticano se define en la teoría política como Estado-Nación y en la teoría teológica como santa sede, dirigente de conciencias y expansionista de almas.
Sin embargo, la santa sede, el Estado Vaticano en la comunidad de naciones, de 103 convenciones internacionales sobre derechos humanos y protección de las libertades, sólo ha suscrito 10, significa que la santa sede es de los Estados menos comprometidos en todo el mundo en la defensa de los derechos humanos.
Por ejemplo, el Vaticano no ha ratificado las convenciones sobre la supresión de las discriminaciones basadas en la sexualidad, la enseñanza, el empleo y la profesión. Por supuesto tampoco las que se refieren a la protección de los pueblos indígenas, los derechos de los trabajadores, los derechos de las mujeres. Es increíble que quien dice defender la vida no haya firmado las convenciones contra los genocidios, crímenes de guerra y de lesa humanidad. Bueno ni siquiera la convención que se pronuncia por la supresión de la esclavitud y trabajos forzados. Ni las que prohíben la tortura y la pena de muerte.
Es claro que la iglesia católica tiene definidas sus prioridades que implican la intromisión de fundamentalismos en el ámbito público, frente a las conciencias doblegadas de gobernantes que como en México asientan sus ligas de poder, fundiendo se con personajes de alta jerarquía político-económica dentro y fuera del país.
Reconocer la historia, desde ese Medievo oscuro y tirano que nos conquistó, la riqueza inmensa que desde la ignorancia del pueblo fanatizado y dominado lograban mantener y acrecentar en esa lóbrega simbiosis de dictaduras canónicas, que heredamos en las Américas, y que aún ahora pasando por la Reforma de Juárez y la revolución liberal, en México el Estado laico es cada vez más frágil, la tentación de la recompensa inmensa del cielo nos sigue de cerca y la premisa de a más fanatismo y confesionalidad, mayor poder para gobernantes, clero y monopolios.
Es claro el retroceso que implica la intervención de nuestra constitución y leyes secundarias en materia de laicidad, obviando límites en su intervención de la vida pública, disfrazando de libertad y derechos naturales, que procuran estén sesgados por criterios religiosos y referencias de pecado que contractuarán nuestros derechos y libertades ya adquiridas.
Las violaciones a los derechos de las mujeres y de la diversidad sexual tienen como base una transgresión directa al Estado Laico por ser clericales, se basan en considerar "contra-natura", amoral o inmoral a toda acción de libertad sexual y derecho al cuerpo.
El laicismo implica el reconocimiento de la soberanía popular y de la igualdad jurídica de ciudadanas y ciudadanos ante la ley, así como la libertad de conciencia, la libertad de pensamiento, de creencias, de culto, expresión y de asociación. De aquí se desprende la libertad de decisión sobre el propio cuerpo y el derecho a decidir en todas las esferas de la vida privada: el dominio sobre el propio cuerpo es un principio de libertad, sin el cual, son imposibles el ejercicio de la ciudadanía y la democracia.
En concreto la ruptura al Estado laico que pretende la reforma constitucional al artículo 24, pasa sin duda sobre la familia y el matrimonio, contra las mujeres y contra el ejercicio libre de la sexualidad, la planificación y la reproducción, el derecho a decidir sobre el propio cuerpo, que quebranta el derecho a la interrupción del embarazo y a cualquier práctica de auxilio eutanásico.
Vulnerar el Estado laico implica el control educativo en muchos atendiendo no al derecho de los menores sino al discutible derecho de elección educativa de padres y madres.
Es clara la intención de mantener privilegios de orden socioeconómico y también incluye la violación de los derechos fundamentales de sus propios feligreses que mantienen en un continuo estado de observación, mea culpa y castigo permanente, lo que sucede inminentemente entre las y los vulnerables, como es el caso de las comunidades indígenas y la imposición política de una sola religión.
La influencia de la iglesia católica en un país de tradición religiosa como lo es México, impone sus concepciones sobre el aborto y la contracepción, influyendo en el uso libre de los métodos anticonceptivos, desde el pulpito, contradiciendo las campañas oficiales y culpabilizando a las mujeres o a la juventud que utilizan condones, sin que los organismos públicos tomen medidas frente a esta intromisión.
El asunto de la homofobia tratado y difundido por expresiones religiosas y pararreligiosas, fomenta las ideas racistas, xenófobas. El Papa considera que la homosexualidad es un desorden mental y una degeneración de la persona y sus obispos y curas difunden permanentemente y en medios abiertos de comunicación esta idea, en tanto el Estado lo permite y hasta lo promueve.
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