martes, 19 de octubre de 2010

La Querella de las Mujeres de Octubre

Por Sara Lovera

Las próximas semanas en México arreciará la conmemoración del centenario de la Revolución Mexicana, aquella que perfiló lo que podría ser nuestra identidad nacional; la revuelta que ofreció a mexicanas y mexicanos la posibilidad de vivir en una nación íntegra, capaz de construir una sociedad justa y digna, en igualdad.

La Revolución, cuyo estallido se fechó un 20 de noviembre, es hoy una quimera. Ni paz ni justicia para todas y todos. Menos igualdad. En la que la querella de las mujeres ha sido una constante.

En 1917, se obviaron nuestros derechos políticos reclamados, según dato histórico, desde 1811 en la ciudad de Zacatecas, querella que duró 142 años hasta que un 17 de octubre de 1953, finalmente, se decretó que las mujeres podríamos participar como ciudadanas completas, reconocidas para contribuir en la cosa pública.

Así, todos los octubres y no por las lunas llenas, hermosas y románticas, se convirtió en una fecha significativa. Nuestras madres y nuestras abuelas, nosotras mismas, pensamos que depositar nuestro voto podría resolver las demandas y necesidades propias, voto para contribuir a hacer patente el sueño que un día tuvieron Rosa Luxemburgo y Clara Zetkin, rusa y alemana, respectivamente, a favor de un mundo democrático y pacífico.

Hoy, sabemos, en un país de más de 30 mil ejecuciones en cuatro años ha dejado 50 mil huérfanos, muestra el atraso en que vivimos y la quimera que parece inalcanzable.

El derecho ciudadano, donde el instante de votar y elegir, se muestra como un espejo opaco, apetecible, pero insuficiente y fugaz y eso obligó a quedarnos en la algarabía exclusiva del memorial. Pero es indiscutible que somos herederas de un nutrido litigio por los derechos femeninos, un constante vaivén de avances y retrocesos. Una permanente posposición de lo que deseamos como democracia genérica, es decir aquella donde desaparezca de la vida cotidiana cualquier indicio de exclusión y discriminación por sexo.

SEÑORA CARNE, SEÑORA DUAL

Este 2010, sin embargo, tenemos mucho que celebrar. El día 20 de octubre será entregada a 26 mujeres, todas con suficientes méritos y capacidades, la Medalla Omecihuatl que desde hace ocho años otorga el Gobierno del Distrito Federal para reconocer la contribución cultural, científica, política y artística. Pero, de manera particular, la feminista; único galardón de esta naturaleza en el país.

Entre ellas las muy destacas universitarias maestras Martha Teresita de Barbieri García y María Gabriela Delgado Ballesteros, ésta última ex directora del Instituto de las Mujeres del Distrito Federal y aquella maestra de varias generaciones de mujeres, universitarias, periodistas e investigadoras feministas de inclinación socialista y comprometida.

Llama la atención que una de las galardonadas será Leticia López Margalli, una de las dos guionistas de ``Las Aparicio'', una serie televisiva producida por Argos Comunicación. Una puesta en escena que rompió todos los estereotipos de las mexicanas.

A través de 120 capítulos llevó a la pantalla chica los temas más debatidos que sobre la vida y la libertad de las mujeres, se logró difundir en forma sencilla, directa, masiva y apasionante. Las Aparicio fue una producción extraordinaria que entre abril y octubre, tocó de manera profunda, llana y didáctica asuntos como el derecho al placer, el lesbianismo, la trasgresión, la trata, el amor no dependiente, la paternidad responsable y la construcción femenina en nuestros tiempos. Dejó en claro que el encuentro amoroso no puede ser marcado por el control y el autoritarismo.

Las Aparicio mostró la vida de tres generaciones de mujeres contemporáneas, urbanas, decididas a tomar las riendas de su vida. La ficción/realidad se construyó alrededor de la viudez femenina y mostró cómo estas viudas comprendieron que para sobrevivir no necesitaron a esos hombres comunes ni a la tradicional familia mexicana, por el contrario, al concluir el 15 de octubre pasado, Las Aparicio se reconciliaron con sus hombres, esos que escogieron y amarán sin renunciar a sí mismas. Algo todavía difícil para la mayoría de las mujeres. Amores maternos y de pareja, sin sacrificio ni entrega, sino en libertad.

Me he detenido Las Aparicio, trasmitida por Cadena 3 (canal 28), porque prácticamente la totalidad de las galardonadas este octubre, alrededor del memorial del voto para las mujeres le apostaron al feminismo como la contribución a liberarse a personalmente y contribuir con su obra y su pensamiento a desarrollar forma de relaciones entre los hombres y las mujeres. A muchas de ellas las conozco y me he beneficiado de sus genialidades.

La serie mostró también cómo es posible otra forma de comunicación y difusión de modelos de mujeres reales que seguramente beneficiadas por el voto, las leyes y este intrincado proceso por hacer entender al mundo que las mujeres debieran ser reconocidas como íntegras, dignas y humanas, es un paso necesario para la democracia y el bien vivir urgente en México.

La medalla Omecihuatl reconoce el aporte, trabajo y la trayectoria tanto de aquellas mujeres que han trabajado por el reconocimiento de los derechos de otras abriendo caminos.

Omecihuatl representa la parte femenina del Dios dual de la creación del Universo, mujer dos, señora de la dualidad, diosa que representa la esencia femenina de la creación en la religión mexica. Entidad que es retomada como un referente para la igualdad entre mujeres y hombres.

Las galardonadas, además de las maestras de Teresita de Barbieri, Gabriela Delgado Ballesteros y Leticia López Margalli, son: Elena Azaola Garrido, María Isabel Belausteguigoitia Rius, Elena Cepeda de León, Alejandra Moreno Toscano, Ana Lourdes Elías Paullada, Paola Milagros Espinosa Sánchez, Julieta Fierro Gossman y Magdalena García Hernández.

Así cómo Marisa Iglesias Aveleyra, Eugenia León Vega, Adela Micha Zaga, Rosa María Mendoza Enciso, Alejandra Moreno Toscano, Regina Orozco Mora, Alondra de la Parra, Martha Patricia Patino Fierro, María Julia Pérez Cervera y Lucia Pérez Fragoso.

Además de María Eugenia Romero Contreras, María Cristina Safa Barraza, Karla Michel Salas Ramírez, María del Pilar Sánchez Rivera, Cecilia Talamante Díaz y María de Lourdes Valenzuela y Gómez Gallardo. Una nota positiva en medio de tanta barbarie.

Esta medalla fue creada por el Instituto de las Mujeres del Distrito Federal y se otorga en el marco del aniversario del Sufragio Femenino en México, que este año cumple 57 años a partir del reconocimiento del derecho al voto de las mujeres.

saralovera@yahoo.com.mx

Con la ley en la mano

Bárbara GARCÍA CHÁVEZ


A partir del 28 de septiembre pasado, entró en vigor la normatividad que permite a las oaxaqueñas abortar en caso de que su embarazo sea producto de una violación sexual. Esto es, sin duda alguna, un triunfo de las mujeres, que tras décadas finalmente ven concretizado el anhelo de no ser doblemente violentadas por las autoridades, que ahora sí, sin menoscabar sus derechos deberán respetar la decisión de la mujer a decidir sobre sus cuerpos cuando el embarazo, retiró, sea producto de violación.

Esto a pesar de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación ratificó en mayo pasado, por 10 votos a favor, la constitucionalidad de la Norma Oficial Mexicana Violencia Familiar, Sexual y contra las Mujeres. Criterios para la Prevención y Atención (NOM-046) que establece:

“En caso de embarazo por violación, y previa autorización de la autoridad competente, en los términos de la legislación aplicable, las Instituciones públicas prestadoras de servicios de atención médica deberán prestar servicios de aborto médico a solicitud de la víctima interesada, en caso de ser menor de edad a solicitud de su padre y/o su madre, o a falta de estos de su tutor o conforme a las disposiciones jurídicas aplicables”.

La violación sexual contra mujeres de todas las edades, representa el 37 por ciento de los delitos; el otro porcentaje, es decir el 63 por ciento de las denuncias están relacionadas con la violencia de género contra mujeres, datos que dio a conocer la Fiscalía para la Atención de Delitos por Violencia de Género contra la Mujer.

Hasta antes de que se estableciera la normatividad para la práctica de aborto, según lo establece el Artículo 316 del código penal local, las mujeres de todas las clases sociales, con recursos o sin recursos, con preparación académica o sin ella, ponían en riesgo sus vidas orilladas por la falta de reglamentación a esta tan importante disposición legal.

La clandestinidad de la práctica de aborto, sin duda, es una de las razones que terminaron con la vida de muchas mujeres. Las estadísticas muestran que el aborto es la cuarta causa de muerte entre las mujeres en edad reproductiva, situación que se concentra en la población más desposeída, agravada por la falta de información y los estigmas religiosos que impactan a niñas, jóvenes y adultas. La propia Secretaría de Salud en Oaxaca reconoce que en la entidad se registran cuatro mil abortos, sin embargo, la misma dependencia estima que por cada aborto registrado, ocurren cuatro más, esto significa que al menos al año ocurren unos 15 mil abortos, la gravedad del problema estriba en la falta de oportunidades para las mujeres que toman la decisión de no continuar sus embarazos, que sin opción sanitaria son asistidas en lugares inapropiados provocando daños físicos muchas veces discapacitantes, lesiones y la muerte.

Como se ha dicho, los riesgos de embarazo en las adolescentes, el agotamiento por embarazos muy seguidos, las cargas de trabajo físico intenso, el riesgo del parto antes de los 18 y después de los 40 años, la multiparidad, el alto índice de abortos en condiciones de riesgo y sin asistencia médica, son condiciones asociadas directamente con la dificultad que tienen las mujeres de tomar decisiones con respecto a su sexualidad y reproducción, falta de acceso a la información y a servicios de anticoncepción, nulo acceso a los avances tecnológicos y, por supuesto, el marco legal que tipifica la interrupción del embarazo como un delito, excepto las causales muy limitadas que contiene el Código Penal.

Por estas razones la interrupción del embarazo en condiciones de riesgo, constituye un problema de salud pública y de injusticia social con las mujeres, ya que contribuye a la mortalidad materna y a la morbilidad femenina. Sin duda, la reglamentación para que las mujeres puedan abortar cuando es producto de una violación es un avance importante, ahora –y sin ser pesimista- se tendrán que saltar las dificultades de la burocracia que autorizará un aborto (ministerios públicos) y el personal médico que deberá practicar el aborto.