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lunes, 24 de enero de 2011

Mujeres y política Contradicciones, caprichos y ocurrencias

Soledad JARQUIN EDGAR

Esta semana al realizar un foro sobre lenguaje no sexista, el gobernador Gabino Cué señaló que una de sus prioridades será reducir y de ser posible erradicar la muerte materna en Oaxaca, incluso apuntó que ese propósito debe ser una realidad desde este 2011.

Oaxaca, junto con entidades como Chiapas y Guerrero, ha ocupado uno de los tres primeros lugares de mortalidad materna desde hace varias décadas. Es más, el promedio anual se mantuvo año tras año y no hubo política pública capaz de contrarrestar la grave muerte materna.

Hay otros padecimientos como el cáncer cérvico uterino, como consecuencia de algunos tipos de virus del papiloma humano, y el cáncer de mama que cobran la vida de cientos de mujeres cada año. En el cáncer de cérvix, Oaxaca –como en al muerte materna- ha ocupado por años deshonrosos primeros lugares. En ambos casos, el problema no es sólo médico, tiene un fuerte componente social, al priorizar y dar un mayor valor a la vida de los varones y dejar fuera de todo a las mujeres, incluyendo su salud. Aunado a esto, las mujeres no dueñas de sus cuerpos están sujetas a lo que diga el marido, la suegra, su padre o su madre, sobre su atención médica. Difícilmente acuden a la consulta prenatal, porque se considera que tener hijos es un asunto “natural” y que si se mueren es cosa de Dios. Peor aún, en pleno siglo XXI sigue prohibido acudir a la revisión ginecológica para la toma del Papanicolaou.

A esta situación habría que agregar la muy frecuente violación a los derechos humanos en la que todavía incurre algún personal médico, que las regañan porque tienen muchos hijos, porque no se cuidan, porque no se asean, porque tienen los pies sucios…

Sí, es de reconocer que el problema de la muerte materna y el cáncer cérvico uterino tiene fundadas raíces en la construcción social desigual, en esa “extraña” circunstancia que hace a las mujeres dar la vida por el resto de la humanidad.

Sin embargo, en todo esto el Estado no deja de tener responsabilidad partiendo sólo del principio constitucional del Derecho a la Salud y el grave problema radica en que tanto la muerte materna como el cáncer cérvico uterino podrían evitarse, pero no es así.

Por eso resulta interesante la declaración que el pasado miércoles hizo Gabino Cué, es muy tentadora la frase –otras veces repetida, insisto- de erradicar esos lastres sociales, lo que claramente se contradice con lo que ese mismo día dijo el titular de Salud en Oaxaca, Germán Tenorio, al señalar en declaraciones periodísticas que no habrá Hospital de la Mujer y que esta obra iniciada en la administración pública anterior y que está por concluirse, será convertida en un Hospital General.

Así, como un mago experto en desaparecer al conejo, Germán Tenorio echa por tierra una vieja demanda de las ciudadanas oaxaqueñas, un largo y esperado anhelo de las mujeres organizadas que finalmente habrían sido escuchadas considerando la problemática en salud.

Las oaxaqueñas constituyen más de la mitad de la población. En Oaxaca, como señalaba antes, las mujeres fallecen por enfermedades prevenibles y, peor aún, la pobreza es tal en la gran mayoría de la población que muchas carecen de recursos para recibir atención especializada. A menos qué, como sigue pasando en muchos casos, tuvieran que deshacerse de su patrimonio o endeudarse de por vida en las voraces cajas populares para ser atendidas en hospitales, clínicas o sanatorios particulares para recibir atención médica. Caso curioso, el Secretario de Salud es dueño de una clínica de salud de ese tipo. ¿Resulta explicable o inexplicable? usted saque sus propias conclusiones. Lo cierto, es que el hospital de la mujer, que dice Germán Tenorio que ya no existirá, sería un espacio de atención digno y especializado, ese era el objetivo, donde las mujeres podrían ser atendidas y con ello contribuir a reducir esos lamentables lastres, repito, que padece Oaxaca, especialmente en aquellos casos donde la medicina pública es la única alternativa para salvar la vida, que reitero sería en la mayoría de los casos.

Fue –si no mal recuerdo- en 2009 cuando la construcción de un hospital para la mujer se planteó en la Cámara de Diputados, esa vez la solicitud de las mujeres fue puesta ante el entonces secretario de Salud, Martín Vásquez, por la que era diputada Perla Woolrich, presidenta de la Comisión de Equidad y Género. Sensibilidad –habría que reconocer- en la representante popular y en el funcionario público se concretaron para llevar a cabo ese proyecto que respondió y en menos de tres meses ya se había iniciado la obra.

Incluso, en alguna ocasión se hizo una supervisión, al acto acudieron varios cientos de mujeres, ahí mismo se conoció que el hospital tendría un área para el “parto humanizado”, otra vieja demanda de las organizaciones de mujeres que durante más de 15 años han trabajado por una maternidad sin riesgos en Oaxaca.

Por eso es lamentable que ahora, por ocurrencia personal del Secretario de Salud, se termine con el viejo anhelo de las oaxaqueñas bajo el pretexto de que será hospital general para reducir la excesiva carga de trabajo que enfrenta el “Dr. Aurelio Valdivieso”, que curiosamente tiene en la atención gineco-obstétrica el mayor volumen de atención, por no decir que la mayor parte de las atenciones se enfocan a ese rubro ¿se lo habrán dicho a Tenorio? Lo que no se si sepa el funcionario es que el destino de las obras públicas no se cambia por ocurrencias o decisiones personales, un presupuesto y ese presupuesto debe tener, sin duda, algún sustento legal.

No tengo la menor idea si el gobernador Gabino Cué permitirá que en Oaxaca se cambien los planes, sólo por llevar la contraria a la anterior administración, lo que sería un acto revanchista y hasta podría decir misógino. No sé tampoco qué dirán los colectivos de mujeres sobre el tema y también sería bueno que la titular del Instituto de la Mujer Oaxaqueña, Anabel López, quien recibió otro espaldarazo de las organizaciones de mujeres esta semana, planteara su posición sobre la declaración del responsable de la salud de la población oaxaqueña, cuya idea parece, sin duda, contradecir a su jefecito, es decir, el gober Cué.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Mujeres y política Qué les digo…

Soledad JARQUIN EDGAR

Frente a la víspera de las fiestas de fin de año, donde se busca que todo sea paz, felicidad, armonía, concordia y mucho, pero mucho amor, una tiene que olvidar casi por la fuerza lo desagradable que resultan las mentiras, los fracasos gubernamentales y las promesas de siempre.

El asesinato de Maricela Escobedo en Chihuahua, frente a la puerta del palacio de gobierno estatal, nos indigna sin duda, porque en este caso, como hay muchos otros en el país, el único responsable es el Estado, incapaz de preservar la vida de las mujeres. Frente a eso nada o casi nada queda, todo se esfuma, como la posibilidad de que algo cambie cuando quienes ocupan las sillas de los gobiernos son otros. Lo cierto que lo que no cambia en realidad es la forma de mirar a las mujeres. Hay ejemplos, uno tras otro.

Por eso, quisiera negarme rotundamente a dejar de pensar en los gastos infructuosos que deja una pista de patinaje sobre hielo que costó ocho millones de pesos, en una entidad en la que viven marginados, en la pobreza y en el olvido institucional cientos y cientos de habitantes de Oaxaca y para quienes el gobierno estatal, a través de la presidenta del DIF, Mané Cámara, ha iniciado una colecta de 78 mil cobijas para apoyar a 212 municipios con mayor vulnerabilidad al frío.

Esta mi conciencia, me lleva a pararme frente a muchas personas como una aguafiestas, como una perversa del “progreso” porque piensan que poner una pista de hielo y repartir cobijas a los pobres es progresar. Yo, en cambio, pienso que sí, que sería fantástico tener una pista de hielo, pero sería mejor no tener que repartir cobijas, acabar con la pobreza y la verdad es que está comprobadísimo que el asistencialismo no sirve para acabar con la pobreza, insisto, le pone curitas a la cesárea. Escribo esto por el reclamo de quienes se han molestado con esta mi posición.

Sin embargo, reitero, no puedo dejar de escribir en este espacio sobre esa desigualdad que opera en las políticas públicas y que tasan la vida de la población oaxaqueña con aquella vieja consigna de pan y circo, (aquí pan sería el PAN y el circo lo están poniendo los “funcionarios” del PAN y del PRD, que junto con la pista, son toda una botana) donde a una parte se le entregan cobijas y a la otra se le instala una divertida pista de hielo para patinar placenteramente y se olviden de vivir ahorcados en una ciudad sitiada por la inconformidad de otros. Sí, la juventud adormecida patina y patina… como si estuviera en cualquier ciudad de “primer mundo”. Esa es la triste idea, adormecer la realidad social con “políticas públicas” somníferas.

Ahora que todavía hay algo de esa cruda que nos deja la fiesta del relevo institucional, provocada por esa conjunción diversa de la derecha y la supuesta izquierda, ¿hay izquierda? cómo me preguntó una querida amiga, que ahora reside en Argentina y ve a este su país deshacerse, convertirse en “un hinche” país. Pues, sí, tiene razón cuando pregunta eso.

Esa derechaizquierda que llega con su guadaña para cortar de tajo a trabajadores y trabajadoras de confianza y de contrato de las instituciones públicas, porque han cometido el pecado de trabajar para los gobiernos priistas, confunden -como dice otra querida amiga- lo laboral con lo político. ¿Por qué cuántos de esos trabajadores habrían votado por este nuevo gobierno? ¿Cuántos vieron en esa posibilidad la esperanza de cambio real? El mismo que los deja fuera de la posibilidad de insertarse o quedarse en la burocracia estatal, el gran empleador de este Oaxaca empobrecido.

Sí, me dirán, si el gobierno de Gabino Cué ya dio marcha atrás al despido, ya no van a correr a los 12 mil, pero ¿qué creen? la orden llegó tarde, muchas y muchos ya habían sido despedidos y a pesar de lo dicho en otras instancias de gobierno seguían pidiendo las renuncias y ¿otra sorpresa? la mayoría de las personas despedidas son mujeres jóvenes, madres de familia o mujeres que nunca tuvieron la “suerte” de tener una base sindical y que dejaron ahí entre esas paredes de la burocracia 20 o quizá más años de su vida.

Cualquiera diría que tengo un gran afán de empañar las bonitas fiestas buscándole tres pies al gato, como decía mi querida abuela Lucha, pero no se trata de eso, sino de todo lo contrario, se trata de no dejar de mirar lo que sucede a nuestro alrededor, en esta enorme borrachera de la conciencia que significan para muchas personas estas frías fiestas, que por cierto se han visto empañadas, además, por el circo que se traen con los títulos profesionales, los falzatis y el cinismo de otros y otras que nos han aparecido y que muestra realidad educativa. Las cabezas han rodado. Hay quienes opinan que lo tenían fríamente calculado, yo no concedo tanta inteligencia ni tanta perversidad, lo que digo es que a Gabino se le salió el tiro por la culata, ojalá no se quede solo para la cena de navidad porque Oaxaca no se lo merece.

De verdad que no quiero ser el Greench, ese personaje holliwoodesco que odia la Navidad, porque de eso nada. Pero no puedo dejar de decir que me parece imposible creer que las mujeres seamos ciudadanas de segunda, tercera o cuarta, por la actitud que asume el funcionariado al pasarse literalmente por el arco del triunfo una orden de Cabildo de aprobar los presupuestos públicos con perspectiva de género y dejar sólo la mitad de las acciones que se habían propuesto. Peor, aún, algunas dependencias obligadas a hacerlo por lo que son, como el Instituto Municipal de las Mujeres, simple y llanamente omitieron incluir las acciones.

Es entonces cuando digo que el discurso está vacío, cuando pienso que nada hay detrás, que las mujeres somos ciudadanas de segunda, tercera o cuarta, y que a las funcionarias públicas les da lo mismo, no les interesa. Ya vendrá un nuevo gobierno municipal, el de Luis Ugartechea, quien sin duda está enterado de este presupuesto rasurado para las mujeres. Sólo resta decir que al menos algo quedó, por aquello de las 35 políticas públicas para posicionar a las mujeres en una situación mejor, reducir las brechas de la desigualdad y respetar sus derechos humanos. Lo malo, es que las propias autoridades toleran ese ejercicio de violentar la ley, igualito como pasa con Gabino Cué y sus funcionarios dispensados de tener título profesional. Insisto, no soy mala leche, pero es más de lo mismo. Aunque algunos crean que era otra cosa y que aquel sistema político ¡ya cayó!

Esta semana se discutirá en el Congreso el presupuesto de egresos. Y aquí es donde una ratifica eso de las ciudadanías de segunda, tercera o cuarta. Tal y como está la propuesta habrá una reducción sustancia al presupuesto destinado a los programas de Equidad de Género al dejarlo en sólo 9 millones 310 mil 128 pesos 76 centavos, no sólo casi cuatro millones menos que este año que termina, sino que es sólo un 1.3 millones de pesos más que lo que se destina a la famosa pistita de hielo. ¿Entonces para donde vamos? Sin duda que vamos para atrás, ojalá que las vacaciones, las fiestas y la cruda no nos haga despertar en la isla de la fantasía. Aquí el contrapeso lo tendrán que dar las 15 mujeres diputadas –si eso fuera posible-, los diputados conscientes que no pueden permitir este retroceso en las políticas públicas de igualdad. Ya veremos qué pasa el próximo miércoles. Si seguimos así, los resultados serán las mismas y lastimosas tasas de muerte materna, feminicidio, violencia feminicida, analfabetismo entre las mujeres, abortos y embarazos adolescentes que cuestan la vida a las mujeres…

Silencio, amenazas y corrupción

De verdad lo digo, a mi me da vergüenza hablar de estos temas, no por las víctimas sino por la clase de gobiernos que tenemos. El gobierno municipal que terminará pronto, deja una ciudad en retroceso cosa que casi siempre sucede. Pero permitir que un delito cometido por servidores públicos, como la violencia y violación sexual contra cuatro mujeres policías, quede en total impunidad es, como decía tres líneas arriba, una vergüenza.

Los meses han pasado y las autoridades le apuestan al olvido, pero no toda la gente olvida y recordaba aquel pusilánime hecho cometido, entre otros, por Delfino Cruz, entonces director de la corporación y Alberto Sibaja, entonces comandante de la Dirección de Seguridad Pública Municipal.

Por acuerdo, conclave o por hermandad, desde el presidente municipal, un síndico y otro, uno o dos regidores, elementos de seguridad pública, todos varones, decidieron que el caso terminaba con el despido de Delfino Cruz y Alberto Sibaja. A las cuatro víctimas las amenazaron para que no hablaran, algo se dijo en la prensa y luego todo volvió al mismo redil: el silencio.

Por ello, me parece que no sólo se debe iniciar un proceso judicial contra los agresores, existen vídeos de los hechos, tenemos cuatro víctimas y hay muchos testigos, sino contra los funcionarios que conociendo el caso pidieron silencio o peor aún obstaculizaron el ejercicio de la justicia, ocultaron los hechos y mantienen hasta la fecha amenazadas a las policías mujeres que fueron abusadas sexualmente.

Me refiero, sin más vueltas, al hoy diputado local y presidente municipal con licencia, José Hernández Fraguas, el síndico Pablo Ireneo Calderón, quienes molestos por los hechos acordaron el silencio como la mejor estrategia y supusieron que el escándalo quedaba saldado con el despido de estos dos personajes que son sin duda aberraciones humanas. Fraguas, claro está, no será llamado a cuentas porque siendo legislador goza de fuero, pero los otros no.

Fueron cuatro las policías agredidas, previamente drogadas y de acuerdo a un video que existe de los hechos fue otro orangután de nombre Margarito López quien habría llevado las pastillas y marihuana suministrada a las policías.

Lo lamentable de tan terrible episodio para las víctimas y vergonzoso para la sociedad por la clase de autoridades que tiene es que haya quedado en el olvido, en el silencio total y nadie hizo absolutamente nada más allá de amenazar y obstaculizar el ejercicio de la justicia, incluso a algunas funcionarias que tendrían que haber pedido justicia les ordenaron callar y para que la sociedad viera que algo se hacía, se contrató a una organización de la sociedad civil para que les diera un cursito de género a los policías y así taparle, ahora sí, el ojo al macho. Todo debía quedar en el más profundo silencio.

Otro enterado fue el regidor Eduardo Castillo, quién sabiéndolo todo también consideró que no era necesario el escándalo ni mucho menos la justicia para las mujeres y ¿saben cuál es la razón “política”? Estaban cuidando la imagen de quién aspiraba a ser candidato al gobierno del estado. Visiones cortas y bastante ciegas. Tendría que aprender el ahora legislador que la justicia no se negocia y que otro gallo le cantara si hubiera hecho lo que tenía que hacer.

En contraparte, cito a Marcela Lagarde, feminista, antropóloga y ex legisladora federal, de esas que no nos ha tocado ninguna en Oaxaca, quien sostiene que la erradicación de la violencia contra las mujeres ocupa hoy un sitio prioritario en la conciencia política de las mujeres, en la agenda democrática de cada país y en el mundo. Por los hechos pasados y presentes, tendría que decir que en Oaxaca no y seguramente en todo el país. Hay gobiernos que siguen tapando las heridas con curitas y otros, como en Chihuahua no siguen dejando sin palabras.

Además agrega que la violencia de género, esa violencia que padecen las mujeres por el hecho de serlo, sintetiza formas de violencia sexista y misógina, clasista, etárea, racista, ideológica, religiosa, identitaria y política. Sin duda, como ella plantea, la violencia de género es un problema político. Tenemos el dedo puesto en el renglón y seguramente alguien tendrá que tomar el caso de forma legal, para eso necesitamos que las víctimas se quiten ese terrible miedo que les han infundido estos gorilas de la política municipal, quitarse el miedo para denunciar los hechos como en 2006, 14 mujeres violadas sexualmente por elementos del ejército mexicano en Coahuila. De norte a sur, este país está atravesado por la violencia, el cinismo, la corrupción y un Estado que deja a las mujeres en total indefensión. De eso ya nadie tiene duda.

lunes, 6 de diciembre de 2010

¿Nuevo gobierno? Las mismas frases...


Soledad JARQUIN EDGAR

Lo de siempre pero dicho de distintas maneras. Todos los gobernadores desde Heladio Ramírez López hasta Gabino Cué han dicho más o menos lo mismo, palabras que buscan dejar la promesa de la transformación, del ahora sí, de los mejores tiempos por venir, de la barita mágica para descreídos. Las palabras claves son:

Combate a la pobreza

Respeto a los pueblos indígenas

Salir del rezago ancestral

Justicia y democracia

Dignidad y compromiso

Diálogo serio y respetuoso

Honestidad e intolerancia a la corrupción

Eficiencia y profesionalismo

Conciliación y reconciliación

No al abuso del poder

El poder para servir

No al enriquecimiento a costa del pueblo…

Los últimos cinco discursos son verdaderos catálogos de buenos, buenísimos deseos; resultan hasta didácticos, pues incluyen sus propias definiciones o al menos así parece en los hechos o que demuestran que se equivocaron que en realidad querían decir otra cosa. Palabras, promesas y conceptos que traslucen emoción, mucha emoción y que al cabo de seis años, la intangible esperanza se convirtió más pobreza y por tanto en desilusión. Digo, porque el siguiente volvió al mismo discurso, al mismo sitio de donde partió el anterior. Así, Gabino Cué se reportó ante su pueblo como el gendarme de la esquina: “sin novedad”.

El pasado 1 de diciembre -el día que los súper listos y hasta los despistados llaman histórico por el hecho de que por primera vez un gobernante surgido de un partido distinto al PRI llegaba al poder, yo, insisto, habría que probar- escuché atenta el discurso, de pronto sus palabras me parecieron conocidas y hasta familiares.

El viejo discurso atravesaba mi memoria, me repetí que no, que seguramente estaba equivocada, para evitar más confusiones recurrí a la memoria de papel y ahí encontré los mismos discursos desde Heladio Ramírez López hasta Gabino Cué; los mismos sentidos discursos, la verborrea que ataranta, la ideología pragmática que nos ilusiona con palabras distintas o con palabras idénticas, también en Diódoro Carrasco, en José Murat y en Ulises Ruiz, todos parecían haber aportado un poco al nuevo e “histórico” mensaje.

Cierto –dirán quienes insisten que fue histórico porque un gobernador por primera vez, después de la centenaria Revolución, tomó protesta fuera de la ciudad de Oaxaca- las palabras no siempre tienen las mismas intenciones… eso es lo que llamo la intangible esperanza y la línea invisible de la incredulidad, el no morder el anzuelo.

Datos concretos de las unciones de estos cinco gobernadores, que después nos resultan sintomáticas: en ningún caso hubo presidentes, siempre otro funcionario en representación del Ejecutivo federal. Desde los Pinos, Oaxaca no ha sido la prioridad ni importante; laboratorio sí, preponderancia no. Ahí está Juárez de testigo.

En todos los casos hubo manifestaciones y en la primera línea de combate sí, adivinaron, las y los integrantes del magisterio “democrático” de Oaxaca, con líderes distintos, a todos sin excepción se les ofreció el diálogo. ¿Luego entonces qué pasó?

Vayamos por partes. 1 de diciembre de 1986. Heladio Ramírez López y escenario “adornado”, sí muy adornado, por representantes de los 16 grupos indígenas, sus invitados especiales. 24 años después, tuvimos otro escenario en San Raymundo Jalpan, invitados especiales fueron quienes pertenecen a la clase política mexicana.

Las frases de Heladio Ramírez López, actual Senador y el último orador en la tribuna sexenal, los otros cinco leyeron, son lugares repetidos, frases que se volverían comunes y a las que se le imprimían calificativos que mostraban la magnitud de “ancestral” y “dramático” rezago.

Una de las máximas del hijo de Santa María Ayú –pequeña población de la mixteca oaxaqueña- fue “no gobernaré con camarillas, no creo en las falsas trincheras del privilegio del poder público”. Dicho en otras palabras, en sinónimos, curiosamente se repite en Gabino Cué, pero los tres intermedios –Diódoro, Murat y Ulises- también arrastraron en sus discursos, tal parece que todos marcaron su territorio y el supuesto deslinde de los que ya probaron que son malos, malos de verdad, que ahora viene la buena… la esperanza intangible.

Acabar con la pobreza ha sido el gran reto, hacer producir el campo el gran sueño, transformar a los pueblos la gran misión, hacer que la federación pague la deuda histórica con Oaxaca el gran pendiente y todo se queda en lo mismo, porque seis años, todos después volvieron al mismo punto.

El 1 de diciembre de 1992, tocó el turno a Diódoro Carrasco Altamirano y volvieron los sitios comunes: un mejor gobierno, con más justicia y más democracia, promoviendo la participación ciudadana… Por supuesto, el ahora Senador –sólo que ahora del PAN- desechó caer en prácticas populistas y si por populismo se entiende resolver aquella grave condición de pobreza de Oaxaca, lo cumplió.

Igual que escuchamos el pasado 1 de diciembre de la voz de Cué, Carrasco y quienes le siguieron le garantizaron en palabras a su pueblo que su equipo actuaría con eficiencia y profesionalismo.

La propuesta es la repetida: justicia y democracia, bienestar social, reducción de la pobreza, eficiencia productiva, generación de empleos y desarrollo regional, ampliación de las comunicaciones e integración e integración territorial.

La frase para la posteridad fue: “Quiero dejar claro mi compromiso esencial: por Oaxaca y la democracia todo: contra los oaxaqueños y la justicia, nada”. En Loxicha saben de lo que hablaba.

Como un estruendo llegó José Murat Casa, 1 de diciembre de 1988. El teatro Alvaro Carrillo fue el recinto oficial. Sus frases también comunes, sus hechos aún más: Acataré la voluntad del pueblo porque soy respetuoso de él y sólo a su voluntad me someteré.

Además de proclamarse un creyente de la diversidad de pensamiento, Murat aseveró que “nadie deberá atentar contra la dignidad del ser humano, siempre seré el primer defensor de los derechos humanos” y la gente de los Loxicha siguió pagando los platos rotos, como Isabel Almaraz a quien en su gobierno se le acusó de guerrillera. Al final los amnistió, pero otros siguen purgando condenas que dicen son injustas.

Como ahora lo hace Cué, entonces Murat prometió trabajar por los pueblos indígenas, pero en contraparte aseguró que se alejaría del paternalismo. Las políticas de Cué en cambio van en ese sentido. No se ven soluciones de fondo, parches y más parches.

Sobre la pobreza el ex diputado federal priista y a quien se le amagó con expulsarlo del tricolor, también dijo que combatiría la pobreza… “si no somos capaces de generar este cambio, la pobreza se irá agudizando a niveles moralmente indeseables”. Curioso, en Oaxaca están la mitad de los municipios más pobres del país. Enfermos graves de la verborrea.

Por supuesto José Murat también nos prometió un sequito, perdón un gabinete honesto, las palabras del ex gobernador priistas se parecen en demasía a lo que repitió Gabino Cué el pasado miércoles: No toleraré en ningún caso la menor desviación de esta línea de ser y hacer, porque el servicio público y la dimensión de nuestro compromiso…

La historia sigue, el 1 de diciembre de 2004 tocó el turno a Ulises Ruiz, quien terminó con la hegemonía priista y dio pasó a una nueva generación de políticos, que curiosamente aprendieron en la misma escuela e incluso colaboraron juntos, la semana próxima hablaremos del tema. No se que pasó pero entonces Ulises Ruiz propuso un nuevo pacto social y sí lo logró de eso no hay duda.

Entre sus dichos, hace seis años, Ruiz Ortiz anunció un gobierno sin compromisos, apegado a la ley, que no permitirá la arbitrariedad individual ni los cotos de grupo, mucho menos espacio a la impunidad, como tampoco privilegios para nadie. En fin, parece que las cosas no fueron así y sí, también se dijo ofendido por la pobreza y la marginación.

Su premisa fundamental, fue hacer un gobierno que devuelva a la política su vocación constructiva… Suficiente decir eso de URO, el resto de la historia es conocida.

Si, recordé los discursos porque Gabino Cué volvió a los lugares comunes, a las viejas y hasta incumplidas promesas, hay quienes creen que las cosas cambiarán, yo veo en ello la intangible esperanza. Habría sido mejor que estos súper hombres nos ofrecieran humildad en sus discursos y no soluciones mágicas que a nada nos llevarán ni nos han llevado. La realidad no es intangible se vive todos los días, precisamente en la gente de Oaxaca.

Qué bonita frase esa de Gobernar obedeciendo, pero a quién me pregunto. Si de entrada ha desoído a ese pueblo que le pidió que en su gobierno estuviera una nueva clase política, pero eso, Gabino lo sabía sería hacerse el harakiri. No escuchó las voces de las mujeres que días antes le pidieron dejar fuera a funcionarios misóginos y golpeadores de mujeres. Es claro que pronto esa demanda quedará en el olvido, ya nadie se acuerda y el mismo lo dijo en otra parte de su discurso cuando señaló que gobernara desde “la visión democrática y progresista de mi Gobierno, que no se actuará buscando venganzas o creando culpables…”, cada quien que lo interprete como quiera.

Muchos ojalás podríamos decir de su discurso y esas frases bonitas que luego carecen de convicción y sustento. Arriba ya puse dos ejemplos.

Como lo hicieron los cuatro priistas, dos de ellos sus ex jefes, Gabino también señala que “No permitiré funcionarios que se enriquezcan al amparo de la pobreza…” ¿Será otro llamado a misa?

El discurso de Cué sin duda enunciativo, donde las mujeres se volvieron más que sujetos de derecho otra vez en objetos, posesiones porque el lenguaje es claro con aquello de “nuestras mujeres” y los indígenas, considerados por el patriarcado como menores de edad también son propiedad del poder “nuestros pueblos indígenas” y también “nuestros niños” o “nuestros ancianos”.

Ahí en los dos párrafos dedicados a la mujer surgen otras barbaridades y la vieja, muy vieja promesa de la igualdad con la vieja y trillada frase de “Oaxaca debe ser un estado de equidad e igualdad de género”. Oh, gracias muestra su disposición “a construir un nuevo pacto social con las mujeres de Oaxaca” ¿Acaso el Cuarto constitucional no lo mandata? Y, finalmente, vuelve el estado protector para estas mujeres, que revelan que sí seguirnos ante los ojos de quien gobierna siendo menores de edad.

Hay oraciones que son dignas de análisis como el hecho de “Buscar la unidad y la reconciliación entre todos los oaxaqueños, a partir del diálogo, la negociación y la tolerancia democrática, pero también de la imposición del Estado de Derecho”, interrogaciones porque de buenos intencionados está lleno el cielo, como decía mi querida abuelita Lucha y peor aún cuando no sabemos qué se entiende por ello.

Como también nos revela para que sirve este capital humano, que debe ser a los ojos del neoliberalismo (derecha conservadora) productivo y exitoso como propone Gabino Cué.

Por falta de espacio aquí le paramos. Lo cierto es que las frases se repiten y el “cambio” está sustentado bajo la misma base.